Vaticano Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Jesús Sanz Montes

 

 

De nuevo aquí

 

Queridos Hermanos y amigos: Paz y Bien.

Ya estamos de vuelta en estas páginas desde las que semanalmente nos encontramos. Nuestra publicación diocesana, impecablemente editada junto a las demás publicaciones hermanas de las diócesis aragonesas, supone un esfuerzo gozoso por parte de quienes hacen posible cada domingo este encuentro. Es de agradecer a quienes firman los artículos y secciones, y a los que sin firmar están detrás de un teclado y una pantalla componiendo este balcón desde el cual poder asomarnos a la vida cristiana tejida de plegaria, de reflexión, de noticias, de comentarios, de actualidad de la Iglesia en cada diócesis o en la provincia eclesiástica que componemos los obispados de Aragón.

Por eso también nosotros volvemos como vemos que regresan tantos a su labor ordinaria una vez pasados los días más vacacionales. Yo espero que hayan servido estas semanas para un descanso verdadero, que aún dentro de su sencillez nos haya permitido volver a Dios, tomar fuerzas, relajar tensiones, desear el reestreno de nuevas ilusiones, y volver con más y mejor ánimo al tajo de lo cotidiano.

Viene siendo un lugar común el hablar en estas fechas de una especie de cansancio que se suele llamar “síndrome post-vacacional”, es decir, el agobio que algunas personas experimentan cuando terminada la tregua de unas vacaciones se les hace muy cuesta arriba tener que volver a empezar. Hay personas que lo expresan con esa fatiga sin más de quien siente la galbana y la flojera, otros incluso con el mal humor, y no falta quien llega a deprimirse al tener que encarar un nuevo curso.

Hay un factor que normalmente damos por supuesto, pero que no siempre acertamos a saber convivir con él: las circunstancias. Porque ante algunas circunstancias hay personas que huyen si resulta que son de alguna manera adversas, o hay personas quienes desearían conquistarlas a perpetuidad si, por el contrario, fueran circunstancias que se nos antojan favorables. Pero quien se parapeta en la fuga o en la apropiación de las circunstancias ya no es capaz de escuchar lo que en ellas se nos dice, ni descubrir lo que ahí se nos quiere mostrar. Entonces reaccionamos simplemente así, escapándonos de la realidad o aislándonos en ella, pero sin captar la trama humilde, a veces dura, a veces bella, que en cada circunstancia se nos ofrece por parte de Dios y de la vida sin más.

Yo agradezco haber sido educado en una mirada de la realidad que no me empuja a salirme de ella para vivir, sino más bien a adentrarme en ella con respeto y atención para poder entender lo que ahí se me dice, se me recuerda, se me reprocha, se me agradece. Tenemos delante todo un curso que juntos comenzamos. La realidad con todas sus circunstancias nos estaban esperando a la vuelta de unos días de descanso. Ahí el Señor escribe sus palabras incluso en medio de nuestros renglones más torcidos. Ahí la vida nos sorprende con su caricia tierna o con su respingo bronco. Ojalá que acertemos a adentrarnos en las circunstancias cotidianas que están hechas de personas que tengo a mi lado o las que están lejos por tantos motivos, circunstancias hechas de trabajo honesto o paro sobrevenido, de enfermedad o salud, de comprensión o rechazo. Es en las circunstancias en donde nos espera Dios y en donde nuestra humanidad se juega el gozo de vivir responsablemente la vida. Buen recomienzo de curso.

Recibid mi afecto y mi bendición.

 

+ Jesús Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca y de Jaca

07.09.2009 Domingo- 23º Tiempo ordinario

 

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