Vaticano Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Jesús Sanz Montes

 

 

En el nombre del Señor vengo

Saludo a los diocesanos de Oviedo

 

Queridos hermanos y hermanas: paz y bien.

Habitualmente lo hago, y así también comienzan estas líneas, como cuando escribo mis cartas pastorales o cuando inicio una homilía. Una paz y un bien que de corazón os deseo, como la más hermosa gracia con la que el Señor acompaña nuestras vidas, sean cuales sean los derroteros y circunstancias por los que cada uno peregrinamos.

Hoy es la fiesta dela Presentación de la Virgen María. Una piadosa tradición nos asoma al momento en que la niña María, futura Madre del Señor, es presentada por sus padres en el Templo. Aquella que fue ofrecida a Dios, hará de su vida una ofrenda continua al Señor. Es providencial para mí que en esta festividad entrañablemente cristiana la Iglesia me vuelva a pedir una nueva entrega.

En estas últimas fechas, semanas atrás ya, se iba facturando una noticia que el boca a boca y los medios de comunicación no dejaban de insistir: que al obispo de Huesca y de Jaca le trasladaban a la Archidiócesis de Oviedo. Cuando me lo han preguntado tantos, sólo podía decir lo que he ido diciendo: que los rumores son sólo rumores, y no podía sino desmentir la noticia porque la noticia no existía, y que sólo hoy es tal al hacer público la Santa Sede mi nombramiento como nuevo arzobispo de Oviedo. Al Papa Benedicto XVI ya le he mandado mi filial agradecimiento por tan inmerecida confianza hacia mi persona y mi incondicional servicio a la Madre Iglesia en lo que ella pueda necesitar de este hijo de San Francisco de Asís.

Quiero dar las gracias a Mons. Raúl Berzosa, Obispo Administrador Diocesano, por su acogida y afecto, y por haber acompañado en estos meses de sede vacante nuestra Archidiócesis con discreción y desvelo. Igualmente a Mons. Carlos Osoro, anterior Arzobispo ovetense por los años de entrega fecunda a esta Archidiócesis de Oviedo, y al anterior Arzobispo Mons. Gabino Díaz Merchán que nos honra con su compañía. A los hermanos de las Diócesis sufragáneas Mons. Camilo Lorenzo (Astorga), Mons. Julián López (León) y Mons. Vicente Jiménez (Santander), al igual que a todos sus feligreses, mi fraterno saludo cordial.

Una vez más experimento la desproporción ante algo que no es fruto del cálculo ni tiene mi medida. Es el misterio por que el que Dios va tejiendo la trama de nuestra historia con los hilos de nuestra libertad. La Iglesia asturiana, que quiero abrazar desde este día, me pone delante vuestra historia larga y fecunda de una antigua cristianía, historias de santidad, de martirio, de compromiso con el Evangelio como anuncio de buena nueva para la gente concreta. Las aguas bravas del Cantábrico y las historias de pescadores; las minas con sudores y fatigas para sacar una familia adelante con enorme y duro trabajo; las alturas de los Picos de Europa con sus entresijos y valles de una vida montañesa llena de sencillez y pureza; y las ciudades bellas y limpias que las buenas gentes han sabido levantar, guardar y enseñarnos. Esta tierra cristiana astur, se me presenta así con todos sus registros, cargados de historia, de arrojo, de ensueño y sacrificio. Pocas veces la he recorrido, más que por mis andanzas montañeras y mis visitas a la Santina como buen nacido.

Tengo en el alma el adiós de esas primeras diócesis que el Señor me ha confiado en su Iglesia: Huesca y Jaca. De otras montañas vengo, y como siempre les dije a ellos, ahora a vosotros os digo que le pido al Señor que me dé entrañas de padre sin dejar de ser hijo, que sea vuestro maestro sabiéndome siempre discípulo, que acierte a gobernar como se aprende mirando al Pastor Bueno, y que os reparta su palabra y sus sacramentos colocándome yo como el primer mendigo en la fila de ese encuentro.

Nos veremos en breve, y podremos saludarnos. Vaya por delante mi cordial abrazo fraterno a los sacerdotes, a los consagrados y a los laicos. De un modo especial a las familias más abrumadas por las dificultades de esta crisis actual, y a niños y jóvenes, a los ancianos y enfermos, mi bendición especial y mi cariño. Deseo mostraros mi disposición sincera de hacer juntos este camino que es el de la Iglesia del Señor que preside el Santo Padre y que peregrina en nuestra tierra, cada cual con su encomienda poniéndonos todos al servicio de los demás con el don recibido. A las autoridades civiles, judiciales, académicas y militares, mi respeto leal en el servicio al bien común de nuestros conciudadanos. Y a los medios de comunicación social que tanto nos facilitan sabernos y conocernos, mi gratitud por labor tan impagable.

Una bienaventuranza bíblica es el saludo a quien viene en el nombre del Señor: dichosos los pies del mensajero que trae la buena noticia de Dios, bendito el que viene en el nombre del Señor. A Él y a nuestra querida Santina les pido la gracia de entrar así en la Archidiócesis de Oviedo, como portador de esa Presencia salvadora que es el Señor y portavoz de su Palabra de vida. Y como Él nos dijo: No tengamos miedo.

El Señor os bendiga y os guarde.

 

 

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo electo de Oviedo

Obispo de Huesca y de Jaca

 

21 noviembre 2009

 

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