Vaticano Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Jesús Sanz Montes

 

 

San Lorenzo, peregrino

 

Queridos amigos y hermanos: paz y bien.

Al volver la página de nuestro calendario nos encontramos de nuevo con la festividad de San Lorenzo que nos engalana por fuera y llena de luz nuestros adentros. Lo decía aquel viejo catecismo del siglo II, con el que los primeros cristianos iban formando su vida de fe: cada día buscarás al rostro de los santos y encontrarás consuelo en sus palabras.

No es que nos sepa a poco Jesús y su Palabra, o nos resulte extraña y lejana su Presencia, pero los santos han puesto fecha y domicilio al evangelio, para que pueda ser vivido por cada generación. San Lorenzo es uno de esos santos, y para nosotros especialmente querido en nuestra tradición cristiana de siglos aquí en Huesca. Este año, que coincide con el año compostelano, miramos a nuestro San Lorenzo también como peregrino.

Sabemos que él no frecuentó la ruta jacobea ni se allegó posiblemente a Compostela, pero sí que ha descrito con su testimonio cristiano una senda que como aquella de Santiago, también tenía meta. Más aún, coincidía con la misma meta: Jesucristo. Su entrega a los pobres, su amor al Señor, su libertad interior le hicieron para siempre un modelo de cristiano, y un compañero en el camino de la vida con su intercesión.

Han cambiado las mochilas, los andares, los sobresaltos y las seguridades. Los siglos que media entre la época de San Lorenzo y la nuestra pone suficientes notas diferentes como para que no nos confundamos de tiempo. Y sin embargo tenemos tantas cosas en común, tantas, tantas, que nos permite vislumbrar incluso una inequívoca similitud.

Fundamentalmente hablamos de un corazón que tiene escrito a fuego en su adentro la exigencia de ser feliz, y de cómo no sabemos ni queremos renunciar a un mundo en donde la paz y la justicia se besen, la belleza y la verdad vayan de la mano, la bondad y la libertad sepan siempre entenderse. Esta hechura humana de la que estamos hechos, no ha cambiado con el paso de los siglos, por más que sean otras las circunstancias, otros los desafíos, distintas las trampas y diferentes los desvaríos. Pero en común tenemos toda esa esencial humanidad que nos embarga, la que Cristo quiso abrazar y darle un destino feliz y cumplido.

Le pido a nuestro santo bendito que nos permita gozar de tantas cosas hermosas, que lo hagamos con la verdad que nos hace libres, y que sepamos compartirlas en auténtica fraternidad. De esto es San Lorenzo peregrino, y en este afán nos encontrará siempre en la andadura de nuestro camino.

Deseo que las fiestas laurentinas de este año nos traigan ese frescor de albahaca y el verdor de la esperanza, porque san Lorenzo y su Señor Jesús están de nuestra parte, especialmente cuando la vida aprieta y acorrala por las mil dificultades cotidianas. El festejo de estos días, la compañía de nuestro santo, nos traigan ese consuelo gozoso y sereno del que hablaban los primeros cristianos.

Felices fiestas de San Lorenzo. Que Dios os bendiga y os guarde.

 

+ Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo

Adm. Apost. de Huesca y Jaca

 

10 de agosto de 2010

 

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