Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

 

Homilía del inicio del Año Jubilar de Santa María Magdalena de Pazzi

 

 

Cant 8,6-7: Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo; es centella de fuego, llamarada divina: las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable.

Sal 17,2-7: Yo te amo, Señor, mi fuerza, Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoqué al Señor, que es digno de alabanza y quedé a salvo de mis enemigos. Las olas de la Muerte me envolvieron, me aterraron los torrentes devastadores, me cercaron los lazos del Abismo, las redes de la Muerte llegaron hasta mí. Pero en mi angustia invoqué al Señor, grité a mi Dios pidiendo.

Lc 10,38-42: En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: -«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.» Pero el Señor le contestó: -«Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

0) Monjas Carmelitas de la Antigua Observancia. Monasterio de la Asunción y Monasterio de la Encarnación (Miguelas).
El 4 de abril, el padre provincial de las Madres Carmelitas de la Antigua Observancia escribió: “Con gran alegría os comunico que, con motivo del 450 aniversario del nacimiento de Santa María Magdalena de Pazzi, la Penitenciaría Apostólica ha concedido que todos los monasterios carmelitanos sean lugares en los que se puede ganar la indulgencia plenaria durante el año que va del 2 de abril de 2016 al 25 de mayo de 2017”.

Hemos rezado en la oración colecta: “Señor Dios, tú que amas la virginidad, has enriquecido con dones celestiales a tu virgen Santa María Magdalena de Pazzi, cuyo corazón se abrasaba en tu amor; concede a cuantos celebramos hoy su fiesta imitar los ejemplos de su caridad y su pureza”.

Hemos escuchado en la primera lectura: “Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor como la muerte”. Santa María Magdalena de Pazzi supo elegir la mejor parte, que no se la quitarán. Probablemente no haya en la historia de la Iglesia tanta riqueza de éxtasis como en esta santa. De su experiencia mística reflejada en sus escritos resulta una cristología de pura identificación con Cristo e su pasión y muerte.

1) Santa María Magdalena nació en Florencia el 2 de abril de 1566. Perteneció a la familia de los Pazzi, familia que dio a Italia famosos políticos y militares.

Su padre era gobernador y la internó desde muy pequeña en un convento de monjas. Allí se encariñó grandemente con las prácticas de piedad y con la vida de retiro y espiritualidad. Era muy hermosa y de muy amable trato, y su familia la quería casar con alguien de la alta clase social.

Tras una infancia piadosa, en la que ya manifestaba su atracción a las cosas de Dios, pasó 15 días en la hospedería del Monasterio Carmelita Ntra. Sra. de los Ángeles y tras conseguir el permiso de sus padres, entró a los 16 años en el Carmelo el 30 de noviembre de 1582. Eligió aquel Monasterio porque las monjas tenían el privilegio de comulgar a diario, y por el amor filial y la devoción a la Santísima Virgen María que se profesaba en el Carmelo y particularmente en esa comunidad.

Hizo sus tres votos de pobreza, castidad y obediencia antes que las demás novicias. Debido a una grave enfermedad que puso en peligro su vida, hizo la profesión “in articulo mortis” el 27 de mayo de 1584, fiesta de la Santísima Trinidad. Cuando la transportaban a la enfermería después de hacer sus tres votos, Magdalena tuvo su primer éxtasis que le duró más de una hora. Su rostro apareció ardiente, y deshecha en lágrimas sollozaba y repetía: "Oh amor de Dios que no eres conocido ni amado: ¡cuán ofendido estás!". En los siguientes cuarenta días tuvo inmensas consolaciones espirituales y recibió gracias extraordinarias.

A partir de ese día comenzaron los éxtasis de una manera más o menos continuada hasta tal punto que la llamarían la “Santa de los éxtasis”. Le impresionó la frase de San Pablo que le dijo el sacerdote el día en que le colocó el crucifijo que llevan las religiosas: "A mí líbreme Dios de gloriarme en cualquier otra cosa que no sea la cruz de Jesucristo". Desde ese día se llenó de un inmenso deseo de sufrir por amor a Jesús.

Desde muy pronto ocupó cargos de responsabilidad con las novicias y la comunidad esperaba que cumpliera los 40 para nombrarla Priora, pero, Dios tenía otros planes.

Los especialistas dicen que cuando un alma se consagra totalmente al servicio de Dios, el Señor le concede al principio muy agradables consolaciones espirituales, a fin de prepararle para los grandes sufrimientos y las terribles pruebas que vendrán después. Luego les llegan días de tinieblas interiores para acabar con todo rastro de egoísmo y llenar el alma de humildad y para convencerse de la gran necesidad que tienen de la ayuda de Dios. Así le sucedió a santa María Magdalena.

Dios le mostró las inmensas ventajas que consiguen para su alma y para la santificación de otras personas, quienes sufren con paciencia. Y desde entonces fue creciendo sin cesar su deseo de sufrir por Cristo y por la conversión de los pecadores.

A una religiosa que le preguntaba cómo podía soportar sus dolores sin proferir ni una sola palabra de impaciencia, le respondió: "Pensando y meditando en los sufrimientos que Jesucristo padeció en su santísima Pasión y muerte. Quien mira las heridas de Jesús crucificado y medita en sus dolores, adquiere un gran valor para sufrir sin impacientarse y todo por amor a Dios".

Santa María Magdalena de Pazzi escogió un lema o programa de vida que decía: "No morir, sino sufrir". "Ni morir ni curar, sino vivir para sufrir". Y repetía "Oh, si la gente supiera cuán grandes son los premios que se ganan sufriendo por amor a Jesucristo, todos aceptarían con verdadero gozo sus sufrimientos, por grandes que sean".

Después de uno de sus éxtasis contaba: "Vi el amor inmenso que nos tiene Nuestro Señor y vi también que las almas que ofrecen sus sufrimientos uniéndolos a los sufrimientos de Cristo se vuelven inmensamente hermosas. ¡Oh, si las gentes supieran lo mucho que ganan cuando ofrecen a Dios sus padecimientos!".

En medio de su éxtasis hablaba con un ser invisible, y abrazando su crucifijo, con rostro brillante exclamaba: "Oh Jesús mío: concédeme palabras eficaces para convencer al mundo de que tu amor es grande y verdadero y que nuestro egoísmo es engañoso y tramposo". Y en sus conversaciones buscaba siempre personas que quisieran dedicar su vida entera a amar a Jesucristo y ofrecer por Él todos los sufrimientos de cada día y de cada hora, con todo el amor de su espíritu.

Le aparecieron en sus manos y en pies los estigmas o heridas de Cristo Crucificado. Le producían dolores muy intensos, pero ella se entusiasmaba al poder sufrir más y más por hacer que Cristo fuera más amado y más obedecido y por obtener que más almas se salvaran.

Tres religiosas, encargadas por el director espiritual escribían lo que ella iba diciendo, especialmente las revelaciones que recibía durante su éxtasis. Y de todo esto salió el libro titulado "Contemplaciones", que llegó a ser un verdadero tratado de teología mística. San Alfonso de Ligorio apreciaba inmensamente este libro y en sus obras lo cita muchísimas veces.

Martirizada en su cuerpo por heridas dolorosísimas, cuando los dolores se volvían insoportables, ella pedía valor al Señor diciéndole: "Ya que me has dado el dolor, concédeme también el valor". Y recibía fuerzas sobrenaturales para seguir sufriendo sin impacientarse ni quejarse.

Además de los dolores físicos le llegó lo que los santos llaman "la noche oscura del alma". Una cantidad impresionante de tentaciones, sentimientos de tristeza y desgana espiritual, falta de confianza y de alegría. Sufría de violentos dolores de cabeza y se paralizaba frecuentemente. La piel se le volvía tan sensible que el más leve contacto le producía una verdadera tortura. Pero en medio de tantos suplicios seguía repitiendo: "Ni sanar ni morir, sino vivir para sufrir".

Veía el futuro y leía los pensamientos. A Alejandro de Médicis le dijo que un día sería Sumo Pontífice pero que duraría poco en el cargo, y así sucedió. Se aparecía a gentes que estaban muy distantes y les llevaba mensajes. Curó varios enfermos. Los viernes sufría varios de los dolores que Cristo padeció el Viernes Santo. Y repetía siempre: "Señor: ¡hágase tu santa voluntad!".

Llamada Madre de la Caridad por las monjas porque “tenía un corazón muy dulce y compasivo”,  entrega su alma a Dios a los 41 años de edad el 25 de mayo de 1607, dejando una estela de amor y santidad. Su cuerpo se conserva todavía incorrupto en el convento carmelita de Florencia donde vivió.

2) En los siglos XVII y XVIII influyó con su vida y doctrina en la vida de diversos santos como p. ej. San Alfonso María de Ligorio y San José Benito Cottolengo.

Vivió marcada por la enfermedad, tentaciones y pruebas varias. Estuvo unida mística y corporalmente a la Pasión de Cristo, el cual le entregó la corona de espinas y la cruz. Sus éxtasis que se encuentran entre los fenómenos psicológicos más delicados y complejos.
Tiene mucho que decirnos y enseñarnos a todos los que queremos seguir a Cristo. Benedicto XVI en el centenario de su muerte en el 2007 dijo: “Para todos, esta gran Santa tiene el don de ser maestra de espiritualidad, especialmente para los sacerdotes, hacia los que siempre alimentó una verdadera pasión”.

En sus éxtasis quedan plasmados el amor a Cristo Crucificado, a la Eucaristía, a la Palabra de Dios, a la Virgen María, a la Iglesia, al oficio divino y a las almas. Muchos sucedieron durante la acción de gracias después de la comunión y siempre partían de algún texto de la Palabra de Dios de la misa o del oficio.

Le preocupaba mucho que las personas conocieran el amor que Dios les tiene. Y Dios la llamó a trabajar por la renovación de la Iglesia. Veía a la Iglesia santa y pecadora, que sufría el asalto del mal y era necesario reaccionar. Envió cartas a cardenales, obispos, religiosos, religiosas e incluso al mismo Papa Sixto V. Ella misma fue la primera en intentar renovarse interiormente y en inmolarse por amor a Cristo y a la Iglesia.

"¡Venid y amad al Amor!" sigue diciendo esta gran Mística desde los monasterios. Que esta voz se sienta en toda la Iglesia y que se siga difundiendo el anuncio del amor de Dios por toda criatura humana.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

 

30 de mayo 2016

 

Ir al índice de cartas y homilías de este curso

 

Obispado de Huesca - Plaza Catedral 8 - 22002 Huesca

 

mapa     callejero              Teléfono 974221027 - Fax 974220679                  Aviso legal