Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Somos una gran familia contigo

 

 

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Querida hermana, querido hermano en el Señor:
Te deseo gracia y paz.

Celebramos el Día de la Iglesia Diocesana con el lema “Somos una gran familia CONTIGO”. Es una excelente oportunidad para dar gracias a todas las personas que, con vuestro ser y vuestro hacer, contribuís a hacer de la Iglesia una familia más vigorosa, más participativa y más fraterna.

Puede dar la sensación de que lo que hacemos con tu colaboración se parece a un grano de arena en la balanza o a una gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. En definitiva, algo efímero y poco consistente. Pero lo que importa no es nuestra valoración o el resultado espectacular de las acciones realizadas. Lo que cuenta, lo decisivo, es tu persona. La importancia de los actos procede de quienes los realizan. No solamente de sus capacidades, posibilidades, éxitos y aciertos. Lo esencial es tu voluntad, tu firme decisión de colaborar, tu impulso constante, tu perseverante continuidad, la garantía de que contigo se difumina la frontera de lo imposible y hay muchas actividades que comienzan a ponerse en movimiento.

Colaboras como catequista, con enorme paciencia y generosidad. Dedicas tu tiempo y tus cualidades a acompañar procesos de crecimiento en la fe. Enseñas en los colegios, institutos y otros centros docentes, llevando la luz de la razón y el anuncio del evangelio a las mentes y a los corazones de quienes buscan en medio de tantas incertidumbres y se siguen preguntando por las cuestiones vitales y determinantes.

Pones a disposición de los demás tus cualidades en la animación litúrgica, tu pasión por la belleza y la música, tu asombro cotidiano ante la Palabra de Dios que escuchas personalmente y en grupos de lectura orante y creyente. Disfrutas porque en la liturgia se expresa y se celebra la vida y la fe, se manifiesta el misterio de Cristo y la naturaleza de la comunidad eclesial. Rezas por la Iglesia y con la Iglesia desde la paz del monasterio.

Colaboras, desde el voluntariado o el trabajo técnico, en el terreno socio-caritativo. Sabes, por experiencia propia, que entrar en contacto con personas vulnerables, heridas, desasistidas, abre las puertas a la solidaridad del corazón que trabaja por la justicia y reconoce en cada rostro humano la imagen de Jesucristo doliente. Tu compromiso te lleva a estar con los últimos, aquellos que la sociedad descarta y desecha.

Mantienes contacto con las personas que entregan sus vidas en las misiones. Te interesas por sus proyectos y realizaciones; recibes y lees con gusto las revistas donde se escribe sobre la evangelización en tierras lejanas; rezas por las vocaciones misioneras; te acuerdas de pedir al Señor para que haya un sano relevo generacional en los países de misión.

Te apuntas a grupos de oración, de formación permanente, de compromiso. Sigues con interés muchas iniciativas culturales. Llevas las cuentas de la parroquia con diligencia y transparencia. Participas activamente en movimientos, asociaciones, cofradías y hermandades.

Visitas enfermos, atiendes a quienes se sienten solos y abandonados. Conoces las necesidades de tus familiares, de tus vecinos, de quienes necesitan un rayo de luz y de esperanza en sus vidas oscuras y apagadas.

Y cuando tus fuerzas decaen, cuando da la sensación de que no puedes hacer nada, por razones de edad o enfermedad, entonces tu persona es más necesaria e imprescindible que nunca. Porque formas parte de nuestra familia. Porque hoy necesitamos decirte que te queremos, que eres una persona muy valiosa para nosotros y ante los ojos de Dios. Porque somos una gran familia CONTIGO.


Recibe un cordial saludo, nuestra gratitud y mi bendición.

 

+ D. Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca


12 de noviembre de 2017

 

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