Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Somos una gran familia contigo

 

 

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Al celebrar el Día de la Iglesia Diocesana, recordamos que, según el Código de Derecho Canónico, cada diócesis es “una porción del pueblo de Dios cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la colaboración del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica” (c. 369).

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que la diócesis es “una comunidad de fieles cristianos en comunión en la fe y en los sacramentos con su obispo ordenado en la sucesión apostólica” (CCE 833).

La Iglesia Diocesana es una gran familia que cree, que celebra, que vive y que ora. Una gran familia en la que todos y cada uno de sus miembros, a partir del bautismo, tienen una vocación y una misión.

El Día de la Iglesia Diocesana es una excelente oportunidad para dar gracias a todas las personas que, con su ser y su actividad, contribuyen a hacer de la Iglesia una familia más vigorosa, más evangelizada y evangelizadora, más participativa y más fraterna.

La Iglesia Diocesana es una familia grande no solamente desde el punto de vista numérico. Ciertamente, se extiende a todas las localidades donde hay una persona que reza; o que trabaja con honestidad para llevar el pan al hogar; o que anuncia el Evangelio a quienes lo escuchan por primera vez y les introduce en el misterio de la fe; o que experimenta desde la luz de Jesucristo el sufrimiento, la enfermedad, y la soledad; o que escucha la Palabra de Dios con oído atento y ojos nuevos; o que imparte o recibe los sacramentos; o que se compromete por la justicia, la solidaridad y la instauración del Reino de Dios.

La Iglesia Diocesana es una familia grande por la calidad de las personas que, a pesar de sus defectos e incoherencias, tienen la mirada puesta en Jesucristo, se nutren con su Palabra, su Cuerpo y su Sangre, son regenerados en el sacramento de la reconciliación que les devuelve a una nueva y más gozosa vida, dan testimonio de la fe, viven en actitud de esperanza activa y comparten y se comparten en amor generoso.

La Iglesia Diocesana es una familia en camino, que avanza en un sendero de comunión, ante todo, con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y, por consiguiente, de comunión entre nosotros; un camino orientado a la evangelización, para mantener viva y firme la fe en las localidades que sufren el envejecimiento, la despoblación y la dispersión; una familia que da testimonio constante de amor y de solicitud activa por el bien de todas las personas.

Nuestra Diócesis aparece como un terreno necesitado y, al mismo tiempo, favorable para acoger la semilla que Dios desea insertar en los surcos de nuestra historia. Es campo ávido, también reseco, agostado, sin vida. Pero es ámbito fértil, abierto a la siembra, deseoso de dar fruto.

Llega el momento de descubrir las nuevas luces que anticipan un sereno amanecer. Luces que reflejan, aunque sea pálidamente, el resplandor de Jesucristo, luz del mundo. De las ascuas encendidas de cada hogar brota una llamarada de vida y esperanza. La gran familia de la comunidad cristiana se pone en marcha sin excluir a nadie y valorando la participación de cada persona.

Porque somos una gran familia CONTIGO, te damos gracias y seguimos contando con tu colaboración.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

11 de noviembre de 2018

 

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