Conferencia Episcopal

Comentario del Evangelio

 

Entonces Juan se lo permitió

 

 

Mateo 3, 13 - 17.

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».



Comentario:

Y, ¿quién es Juan para permitir a o no permitir algo a Jesús? ¿Qué autoridad tiene este hombre? ¿Y si no se lo hubiese permitido? Esto que tanto extraña del evangelio de hoy es más común de lo que pensamos. Tan solo basta mirarnos a nosotros mismos. Por un lado, el plan de Dios que “conviene que así cumplamos con toda justicia”. Por otro, mi libertad, mis autoengaños, mis retardos, mis miedos. Pues bien, Jesús se somete a nuestra decisión. Jesús, el ‘justo’, se somete a nosotros, los ‘injustos’. ¿Verdad que no es tan extraño? O al menos no es tan extraño desde el punto de vista de la experiencia propia, porque intelectualmente...  Intelectualmente nos sobran las ideas, sabemos y defendemos que lo único que merece la pena es cumplir la voluntad del Señor.


¿Se lo permito o no se lo permito? Ojalá no se tuviera que repetir el dulce reproche de Jesús a santa Teresa de Ávila: "Teresa, yo quise... Pero los hombres no han querido". Esta queja de Jesucristo, con su pecho de amor herido, ha sido profundamente meditada y orada por nuestros santos. Así, de primeras, se me ocurren santa Teresita y san Josemaría, pero no son los únicos. Incluso los que escasamente conocen las obras de santa Teresa de Jesús se hacen eco de este lamento amoroso. Qué misterio el de la libertad humana y el del amor divino, tan libre y tan respetuoso con el amado ingrato.


Pero hoy celebramos el Bautismo del Señor. No es como nuestro bautismo: a él el Padre lo ‘proclama’ siervo, profeta, amado y único Hijo. A nosotros nos ‘hace’ todo eso: nos da el don. Pero también nos exige ‘ser’ todo eso: nos pone la tarea. Con esta fiesta culmina el ‘Tiempo de Navidad’ y regresamos directamente al ‘Tiempo Ordinario’. Es el paso a la vida en la que la oración del Padrenuestro debe ser guía para cualquier actividad: Padre, Abba. Y para ello, no basta con el hacer, es necesario contemplar. Y contemplar en medio del hacer. Contemplativos en medio del mundo, que descubren el rostro de Dios en cualquier actividad humana y se la entregan, como oblación.


Quienes vayan a misa el próximo lunes se encontrarán con la llamada a los apóstoles. No es casualidad. Es que la Iglesia quiere, con la fiesta del Bautismo del Señor y con las lecturas de la misa de los primeros días del ‘Tiempo Ordinario’, que nos metamos en el mundo para fermentarlo con la levadura del Evangelio proclamado y vivido. María es la mejor ‘masa madre’.


 

José Antonio Calvo Gracia.

Bautismo del Señor, ciclo A.

8 de enero de 2016.

 

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