Conferencia Episcopal

Comentario del Evangelio

 

Cordero de Dios

 

 

Juan 1, 29 - 34.

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».



Comentario:

Hay pocas expresiones bíblicas que hayan calado tanto en el sentir y en el pensar de nuestras gentes que la del ‘Cordero de Dios’ -aunque ya hay que ir reconociendo que, con los actuales sistemas educativos y con determinados docentes, la cultura tradicional cristiana se va desdibujando del horizonte de sentido-. El ‘Cordero’ nació y fue puesto en un pesebre. El ‘Cordero’, siendo conducido a la muerte, no levantó la voz, no amenazó ni insultó. El ‘Cordero’ se convirtió en alimento y purificación para todo el pueblo y, recogiendo la fórmula del libro del Apocalipsis, ahora es el único digno de abrir el libro, es el ‘Cordero’ pletórico de dignidad divina, muerto y resucitado. Es el ‘Siervo del Señor’. Es el cordero del sacrificio. Es el cordero pascual, pero de la Pascua nueva y definitiva.

El ‘Cordero’ es el siervo que viene a reunir las ovejas dispersas y no sólo, sino también a iluminar a todos los pueblos para que la salvación sea católica, es decir, universal. Este ‘Cordero’ es el Verbo encarnado y el santificador. Es el Hijo de Dios y ha venido para comunicarse. Comunicarse con el pueblo que caminaba en tinieblas anunciando el Evangelio y comunicarse al pueblo, es decir darse sin medida para que su vida sea nuestra vida, haciéndonos por los misterios sacramentales concorpóreos y consanguíneos suyos.

El ‘Cordero’ nos invita a sus bodas y lo hace anunciando el modo de vivir resucitado que ha de caracterizar ya en esta tierra a los que han sido lavados-bautizados en su sangre. Durante todo el ‘Tiempo Ordinario’ asistiremos a este anuncio y lo comulgaremos en cada misa renovando la adhesión al plan de Dios sobre nosotros y sobre la creación: que seamos eucaristía, acción de gracias, que vivamos en la ‘lógica del don’.  Vivir en la ‘lógica del don’ y acallando los mensajes victimistas y victimarios de la ‘lógica de la conquista’. ‘Gracias’ no puede ser la última palabra. Al revés, ha de ser la primera.

Cuando estamos a mitad del primer mes de año, les invito a decir ‘gracias’. Y hoy de un modo muy especial por nuestros hermanos migrantes y refugiados, cuya jornada celebramos; y por la unidad de la Iglesia que es una dádiva divina que imploramos y celebramos durante todo el octavario de oración que comienza el próximo miércoles. La Bienaventurada Virgen María, mujer agradecida, nos ayudará a levantar esta mirada de gratitud y a vivir en la gratuidad.

 

José Antonio Calvo Gracia.

 

II Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A.

15 de enero de 2016.

 

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