Conferencia Episcopal

Comentario del Evangelio

 

Hoy Dios habla de sí mismo

 

 

Juan 3, 16-18.

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

 

Comentario:

Madrugón. Una buena subida. Cargado. Moisés hace cumbre: 2.285 m. Y Dios, rodeado de nube, se abaja y se queda con él. Como un enamorado, Moisés pronuncia el nombre de Dios. Y Dios pasa ante él proclamando de sí mismo: “Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia y lealtad”. Y ante esta epifanía de Dios, Moisés se inclina, se postra haciéndose tierra con la tierra, para pedir perdón y feudatario, sin siquiera imaginar que llegaría un día en que esa relación se convirtiese en amistad y filiación. Ese día ha llegado. Es el día de Jesús. Es nuestro día.

Por eso, hoy que es el día de Dios-Trinidad es para nosotros fiesta de familia. Nada de lejanía. Es un don y hoy es una jornada para reconocerlo guiados por las palabras de san Pablo de Tarso, unas palabras sin vuelta de hoja, porque son ‘Palabra de Dios’: tenemos la “gracia del Señor Jesucristo”; gozamos del “amor de Dios”, vivimos en la “comunión del Espíritu Santo”. El deseo de san Pablo, para los Corintios, se convierte en saludo y, misteriosamente, conforma la realidad nueva del bautizado en la muerte y la resurrección del Señor, con agua y fuego. Creer es la condición. No creer es la perdición. Pero, ¿Dios pone condiciones? No, al revés. Dios está condicionado en este sentido por nuestra respuesta libre a su amor.

¿Respuestas? ¿Qué puedo responder? Santa Isabel de la Trinidad lo tenía clarísimo. ¡¡¡Amor!!! Y lo decía bellamente: “¡Amar! Es tan sencillo… es entregarse a los designios de su voluntad divina como él se entregó a la voluntad del Padre. Es permanecer en él porque el corazón del que ama ya no vive en sí sino en aquel que es el objeto de su amor. Es sufrir por él, aceptando alegremente todos los sacrificios e inmolaciones que nos permiten agradar a su Corazón”. La fiesta de Dios es fiesta de amar y, por eso, no se puede imaginar sin eucaristía: “Creo que nada refleja mejor el amor del Corazón de Dios que la eucaristía. Es la unión, la comunión, es él en nosotros, nosotros en él. Y ¿ no es esto el cielo en la tierra ?”, escribe también santa Isabel de la Trinidad.

SI todas las fiestas están condensadas en la eucaristía, la de hoy no podía ser menos -¡ni más!-. En nuestro altar se da la comunión trinitaria: el Padre recibe la ofrenda del Hijo en la unidad del Espíritu y lo que todavía nos debe conmover más es que ahí estamos nosotros. Sí, sí. Tú y yo sí que jugamos en primera división. Estamos, vivimos, nos movemos y existimos en la misma relación de Dios en sus tres divinas personas. ¿Qué decir? “A ti gloria y alabanza por los siglos!”. Y decirlo alternando con ‘aleluyas’ y ‘gloriapatris’. Y no solo decir, sino también esperar al “Dios que es, al que era y al que ha de venir”.


Dilo, digámoslo con María. Ella hace fácil lo difícil. Apoyate en su hombre, cógela de la mano y dile que te ayude a glorificar a Dios con tu vida. Éxito asegurado.

 

 

José Antonio Calvo Gracia.

 

 

Domingo de la solemnidad de la Santísima Trinidad, ciclo A.

11 de junio de 2017.

 

Ir a índice de comentarios de este año litúrgico

 

Obispado de Huesca - Plaza Catedral 8 - 22002 Huesca

 

mapa     callejero              Teléfono 974221027 - Fax 974220679                  Aviso legal