Conferencia Episcopal

Comentario del Evangelio

 

Más fuerte que yo

 

 

Mateo 16, 21 - 27.

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

 

Comentario:

Primer domingo de septiembre… Qué duro se hace… Volver al día a día… Las luchas de siempre… Las personas de siempre… Las circunstancias de siempre… Y las lecturas del domingo que dejan hablar a Jeremías, hablando de la capacidad de seducción del Señor: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”, dice. Y reconoce que Dios ha podido y que, aunque su santa voluntad no le ha dado en este mundo buena fama ni prestigio ni riquezas, antes bien ‘oprobio’ y ‘desprecios’ diarios, ese ‘algo’ que hay en sus entrañas y que arde como fuego es imposible de sofocar. ¿Vocación? ¡Vocación!

Vocación para todos y que es una llamada para estar con el Señor y darle gloria en el contexto de eternidad para el que ha sido diseñada nuestra vida -nuestra alma- y nuestra vida -nuestro cuerpo-. Vocación que quema dentro. El último domingo de julio tuve la oportunidad de visitar el seminario de Málaga, diseñado hasta el detalle por san Manuel González. Pude caminar por la ‘Galería de la Obediencia’, al lado de la iglesia. La ‘obediencia’ de la fe o, lo que es lo mismo, la ‘obediencia’ de la vocación. Caminar por esta galería la ‘obediencia’ suponía pisar los cuatro enemigos de la ‘vocación’, representados en palabra e imagen en los mosaicos del suelo: ‘No’, ‘Sí, pero’, ‘Cuco’, ‘Cras’.

El ‘no’ está significado en la serpiente inicial, la que se declara en rebeldía y siempre niega: ‘Non serviam’, ‘no serviré’, ‘no te serviré’ y, además, me llevaré a todos los que consiga engañar y se empeñen en decirte no. Los otros enemigos son más sibilinos. ‘Sí, pero’: ¿quién soy yo para poner condiciones a Dios? “Déjame que entierre a mi padre y luego…”. ¿Cómo puede oponerse lo bueno a la voluntad de Dios? Invirtiendo el orden. Amarle es siempre y únicamente amarle sobre todas las cosas. Lo demás son excusas y disfraces de un amor que no puede ser amor, ya que esconde objetivos tan egoístas, como ocultos. Qué pájaro en el cuco… se aprovecha siempre del nido de pájaros de otras especies. No trabaja, no vive: ¡sobrevive!, pero arrimándose al sol que más calienta, disimulando, es ‘il dolce far niente’, el dulce hacer nada. El ‘cuco’ ha renunciado a vivir su vida, un cobarde y un aprovechado. Y, por último, ‘cras’, que quiere decir ‘mañana’. “Mañana le abriremos, respondía, para lo mismo responder mañana”, como cantaba Lope de Vega. Así hasta un mañana que no tenga mañana, convirtiendo la vida en un ‘no’ definitivo.

Lejos de mi desanimar en este primer domingo de septiembre. Al contrario, es la hora de despertar: despertar para “discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que agrada, lo perfecto”; despertar para distinguir la tentación y poder decir con la misma fuerza de Jesús “¡ponte detrás de mí, Satanás!; despertar para tomar la cruz, seguir a Jesús y recibir el Premio del Padre que, no nos engañemos, “pagará a cada uno según su conducta”.

 


José Antonio Calvo Gracia.

 

 

XXII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A.

3 de septiembre de 2017.

 

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