Conferencia Episcopal

Artículos y entrevistas

BODAS DE ORO

 

María Luisa Sanagustín,
priora del convento de la Encarnación

 

Sentí la vocación sobre los 17 ó 18 años, en unas misiones que hubo en mi pueblo (Loporzano). Enseguida quise entrar en el monasterio, pero entonces no nos podíamos ingresar hasta los 21. Luego me vine a Huesca y estuve aprendiendo a bordar. Fui a los jesuitas y maduré poco a poco mi vocación. Además, iba con chicos y chicas al baile y después, cuando llegaba a casa, sentía un vacío… hasta que me di cuenta de que el Señor me llamaba. Me sentía muy feliz cuando visitaba a las monjas, a las que iba a ver a menudo. Entré en el convento el 1 de octubre del año 1957. A mi madre le costó mucho asumir que me hiciera monja, mi padre me dijo que me ayudaría y al final me acompañaron todos desde casa. Profesé el 9 de abril de 1959.

 

La vida religiosa me ha dado la posibilidad de vivir en comunidad, de compartir con las hermanas los sufrimientos y las alegrías. Además, la oración diaria y el encuentro con el Señor, me ha aportado tener preocupación por el mundo, por los que sufren, por la juventud. Si la gente supiera lo felices que somos tendríamos muchas vocaciones. Por esta razón, digo a las jóvenes que, si ellas notan que el Señor las llama a ser religiosas, que no tengan miedo, por que Dios nunca defrauda, serán muy felices y harán mucho bien al mundo.

 

17-05-2009

 

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