Conferencia Episcopal

Artículos y entrevistas

Luces por Etiopía 2008

Armando el Belén

 

Con un poco de retraso nos llega la carta de Teresa López Aznárez, desde Etiopía. Nos cuenta como preparan el Belén en la misión donde ella trabaja como voluntaria.

En Etiopía, el día grande de la fiesta de Navidad es el miércoles día 7 de enero. La fiesta comienza con una oración en la iglesia. Superando las barreras religiosas, daremos gracias a nuestro Dios común por el año pasado juntos, y le pediremos protección para el que viene. Dentro de la oración, hemos preparado un Belén viviente bajo una improvisada cabaña de hojas de falso platanero.

Tamrat, uno de los más pequeños, es el Niño Jesús. Un Niño Jesús que todas las mañanas llega corriendo con sus zapatos cuatro números más grandes y sus pantaloncillos tres tallas más pequeños, repartiendo alegría y besos por todo el recinto.

Aderaw, que tiene unas ojeras como de señor mayor, hizo de San José. A sus siete años, ha nacido por segunda vez gracias a los cuidados recibidos en una clínica de las Hermanas de la Madre Teresa. Nos lo han devuelto hace dos días, con un expediente médico que haría las delicias de cualquier especialista en enfermedades infecciosas. Las hermanas nos contaron que, mientras estuvo ingresado, todos los días daba el biberón a los bebés huérfanos y enfermos de ese centro. Como un improvisado padre.

Emmebet, que echa tanto de menos a su madre que a veces le duele y no sabe qué le duele, que a veces piensa que nadie la quiere, fue la Virgen María.

Gashaw, cuyo estrabismo es inversamente proporcional a su inteligencia (y es muy, muy estrábico) veló el sueño del Niño. Este ángel negro e imperfecto, con su evidente amplitud de miras, que, ante realidades que a veces no alcanza a entender, opta por la bondad absoluta, encierra -creo- un bonito mensaje para todos los cristianos.

El otro ángel fue Mame, un ángel al que le costó encontrar su sonrisa, pero que ahora, cuando sonríe, ilumina el mundo. Sonríe con toda la cara, incluso con todo el cuerpo. Es una sonrisa limpia, generosa, sin fisuras. Ojalá todos pudiéramos sonreír así. confiando en un mañana que nos devuelva lo perdido, como hace Mame.

Mula y buey no pusimos, porque no nos gusta ver niños arrodillados. Y porque no había más sitio en el altar, para qué engañarnos.

Vistieron todos de blanco, como manda la tradición etíope. Habrá cantos y oraciones ortodoxos y católicos (no tenemos niños musulmanes). Varios caminos para llegar a un mismo Dios que, según dicen los niños, nos escucha siempre. Cuando los oigo rezar, yo también lo creo. Sería imposible no oírlos, no hacerles caso.

Así será nuestro particular Belén. Un Belén con más de una pulga, y algún que otro piojo, un ángel al que seguro se le caerán los mocos y una Virgen María a la que -esperemos- se le olviden momentáneamente todos sus dolores.

P.D: Este Belén, y los regalos que dimos después a todas las madres, y los juguetes que los niños recibieron, y la carne que repartimos el día de Navidad, son posibles gracias a toda la gente que, sin conocer a nuestros niños, los quiere y cree en ellos como si los conociera. Son posibles gracias a toda la gente que ha trabajado y colaborado en la campaña Luces por Etiopía de Entarachen-Vols. Son posibles gracias a ti.

 

Teresa López Aznárez, periodista oscense,
trabaja como voluntaria en el Don Bosco Youth Centre,
en el barrio de Mekanissa, en Addis Abeba.

 

Se pueden hacer donativos en las siguientes cuentas: Banco Popular: 0075 0196 14 0600432580 Caixa: 2100 1673 41 0200027325 e Ibercaja: 2085 2052 00 0300820112

 

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