Conferencia Episcopal

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Entrevista

 

Ordenación diaconal de Fredy Peña

 

Hoy, domingo 31 de mayo, a las 8 de la tarde, en la Basílica de San Lorenzo, Mons. Jesús Sanz Montes ordenará diácono al seminarista Fredy Hernando Peña Torres. Es colombiano, tiene 32 años y ha estudiado en los seminarios de La Ceja y Girardot (Colombia) y Huesca.

Los diáconos participan de una manera especial en la misión y la gracia de Cristo. El sacramento del Orden los marca con un sello, que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo, que se hizo "diácono", es decir, el servidor de todos. Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la liturgia, sobre todo en la Eucaristía y la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad.

El rito esencial del sacramento del Orden está constituido por la imposición de manos del obispo sobre la cabeza del ordenando, así como por una oración consecratoria específica, que pide a Dios la efusión del Espíritu Santo y de sus dones.

 

Debemos estar atentos a la voz del Señor,

que llamó y sigue llamando

 

1. Ha llegado el día de la ordenación, ¿Cómo te sientes? ¿Cómo reaccionan las personas que te conocen?

Me siento agradecido a Dios por haberme llamado a un ministerio del cual no soy digno, entregado a su voluntad y esperanzado en que Él me ayude e ilumine por medio de su Espíritu. Deseo vivir el diaconado transitorio comoun buen aprendizaje paraservir a Dios y a mis hermanos en un futuro ministerio sacerdotal.

La reacción de las personas que me conocen es de alegría y esperanza, tanto en la Iglesia, en la diócesis, como en el Seminario y en cada uno de los seminaristas, porque ven que el Señor sigue llamando; que hay jóvenes que estamos dispuestos, a pesar de nuestras limitaciones, a responder con generosidad al Señor.

 

2. ¿Qué supone para ti ser diácono?

Ser diácono supone para mí: ser elegido y llamado, por parte de Dios y de la Iglesia, para participar, por medio del sacramento, de la misión del Señor y estrechamente unido a Él. Esta unión se realiza mediante el servicio a los hermanos, especialmente a los más necesitados; buscando conducir a todos los hombres, con la ayuda del Espíritu Santo, a la salvación. El unirme a Cristo me lleva a una comunión de vida íntima y transformante, a una relación personal y profunda; imitando a Cristo como Aquel que se entregó al servicio de todos los hombres, sus hermanos, desde cada una de las funciones propias que me serán encomendadas, como la asistencia al obispo y a los presbíteros en la liturgia, proclamar el evangelio, y una entrega generosa a los diversos servicios de la caridad, entre otros.

 

3. Te ordenan diácono en el año jubilar dedicado al diácono más querido de Huesca: san Lorenzo. ¿Qué te aporta el testimonio de nuestro patrón?

El testimonio de san Lorenzo aporta muchas cosas a mí vida, entre ellas quiero resaltar algunas: como una especial configuración con Cristo y en Cristo a los hermanos más necesitados, como el mismo Cristo lo aseguro “estoy en el medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 24-30); el amor desinteresado y el servicio de san Lorenzo por el tesoro de la Iglesia, que son los pobres, me amina a imitarle redescubriendo la solicitud por los enfermos y los pequeños, los indefensos, los inocentes, como una presencia de consolación y de esperanza; y cómo no, la donación y entrega total en obediencia a la voluntad amorosa de Dios.


4. ¿Qué podemos hacer en las parroquias y en las familias para favorecer la llamada "cultura vocacional"?

Creo que lo fundamental es volver a incentivar desde cada parroquia y desde cada familia el ánimo por el seguimiento del Señor, animar a familias, jóvenes, ancianos y niños, cada uno desde su momento y condición de vida, a ser generosos en la respuesta al Señor. Compartir la experiencia, fortaleza yapoyo para crear conciencia de que la vida es mucho más que lo que el mundo ofrece. Todos debemos estar atentos a la voz del Señor que llamó y sigue llamando, y que nosotros debemos hacer eco de esa voz que se quiere ocultar pero que no se cansará de sonar. Debemos unir esfuerzos, oración, proyectos…, para hacer de la llamada vocacional un grito que se oiga a tiempo y a destiempo, para lograr llamar la atención y provocar inquietud y respuestas de todos y especialmente de los jóvenes.

 

 

31.05.2008

 

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