Conferencia Episcopal

Artículos y entrevistas

 

Homilía del Cardenal A. García Gasco,

arzobispo emérito de Valencia,

en la solemnidad de San Lorenzo

 

1. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto (Jn 12,24).

Jesucristo, la víspera de su Pasión, anuncia su glorificación a través de la muerte.

Hoy, estas palabras, resuenan también con fuerza en nuestro espíritu, en este lugar significativo, donde hacemos memoria de san Lorenzo, Patrón de Huesca: testigo humilde y valiente del Evangelio del Señor.

Cristo es el grano de trigo que muriendo ha dado frutos de vida inmortal.

Y sobre las huellas del rey crucificado han caminado sus discípulos, convertidos a lo largo de los siglos en legiones innumerables “de toda lengua, raza, pueblo y nación”: audaces heraldos del Evangelio y silenciosos servidores del Reino de Dios.

En esta circunstancia saludo con afecto al Sr. Obispo de Huesca, D. Jesús Sanz, a quien agradezco la invitación para celebrar con vosotros esta Solemnidad.

Mi saludo se dirige también al Sr. Arzobispo Metropolitano de Zaragoza, D. Manuel Ureña, al Arzobispo de Pamplona y a los demás Obispos que apacientan al pueblo de Dios en tierras aragonesas y veneran a san Lorenzo.

Saludo también al Cabildo Catedral y a los sacerdotes concelebrantes.

Igualmente agradezco la presencia de las Autoridades civiles y militares, que se suman a esta celebración del Patrón de Huesca. Es justo que así sea: S. Lorenzo llevó el nombre de Huesca por todo el orbe conocido e intercede ahora, ante Dios, por todos nosotros: por la paz, la libertad, la concordia y el verdadero progreso de todos los hijos de esta noble Ciudad.

Hoy celebramos una de las páginas más luminosas de los hijos de Huesca.

Queridos hermanos y hermanas, hijos todos amadísimos, especialmente enfermos, ancianos que siguen nuestra celebración a través de los medios de comunicación:

Unidos por la fe en Cristo Jesús, me es muy grato dirigiros hoy mi fraterno abrazo de paz, en la solemnidad de San Lorenzo mártir.

 

2.El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna (Jn 12,25).

Hemos escuchado, en la proclamación del Evangelio, estas palabras de Cristo.

Sin embargo, en nuestros días, muchas veces, se hace del amor propio el criterio supremo de la existencia y se nos invita a vivir como si Dios no existiera.

San Lorenzo, testigo de la fe, que también esta mañana nos habla con su ejemplo, no buscó su propio interés, su bienestar o la propia supervivencia.

Él no buscó el agrado de los hombres sino el de Dios.

En el diácono Lorenzo brilla la fidelidad al Evangelio y su firme resistencia al mal.

San Lorenzo es un auténtico discípulo de Jesús y un perfecto imitador suyo.

Su martirio es confesión y mensaje. Su vida expresa una unión íntima con Cristo y, en Él, con la Santísima Trinidad.

Queridos hijos: La mejor de las enseñanzas y la más acabada de las transmisiones de la fe es el martirio.

La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos (Tertuliano, Apol. 50,13: CCL 1, 171).

Sí: también nosotros hemos de seguir a Cristo en su vida y en su muerte.

Estamos llamados a inspirar nuestra vida en Él y a dejarnos inundar por la gracia que Él nos da. Nuestro alimento ha de ser cumplir la voluntad del Padre.

Hemos de dejarnos llevar por el Espíritu Santo; y nada debemos anteponer al Reino de Cristo.

Amemos a los demás hasta derramar la propia sangre por ellos, si fuera necesario. Hemos de estar dispuestos a darlo todo sin exigir nada a cambio.

En pocas palabras: San Lorenzo nos impulsa a vivir amando y a morir perdonando.

Pidamos a San Lorenzo que nuestra vida refleje la luz de Dios, que manifieste la belleza de la gracia; lo espléndido y lo bueno que transforma el mundo.

 

3.Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será grande en el cielo (Mt 5,11-12).

Qué bien se aplican estas palabras de Cristo a San Lorenzo, calumniado y torturado, pero nunca vencido por la fuerza del mal.

Allí donde el odio todo lo parece arruinar, Lorenzo manifiesta cómo “el amor es más fuerte que la muerte”.

Los relatos del martirio de san Lorenzo nos revelan cómo bajo un sistema terrible y opresivo, entre durísimas privaciones, torturado, sufriendo de tantos modos, él manifestó admirablemente su adhesión a Cristo muerto y resucitado.

Rechazó someterse a los ídolos y a la divinización del poder.

San Lorenzo mártir es una lección magistral de verdadera libertad!

Él y todos los mártires cristianos son hombres de paz y de bondad.

Nunca despreció el poder humano ni la autoridad del Imperio.

Siempre estuvo dispuesto a colaborar con todos para el bien de la sociedad: él era diácono, se ocupaba de atender a los más pobres y necesitados.

Pero únicamente teme a Dios y está dispuesto a desobedecer a los hombres antes que caer en la idolatría.

He aquí la raíz de la persecución: el rechazo de la sacralización del poder y no ceder a la idolatría.

A él se le exigió que rechazara a Dios y que adorase al emperador si no quería aparecer como traidor y desleal al poder de su tiempo.

San Lorenzo no trató de imponer su fe a nadie.

Y la Iglesia hace suya esa actitud que procede del Dios verdadero: Cristo no vence al que no se quiere dejar vencer. Él vence solo por convicción. Él es la Palabra de Dios (Orígenes, Salmos 4,1, PG 12, 1133B).

Nadie que se llame cristiano puede tratar de imponer la verdad por la fuerza.

La verdadera religión necesita siempre un clima de apertura y confianza.

Queridos hijos: Todavía, del testimonio de nuestro mártir recibimos una enseñanza mayor.

Sí. San Lorenzo nos recuerda que la libertad essagrada: no es una concesión del poder humano.

Lo que es sagrado es la libertad, no el emperador.

La libertad es una señal de Dios en la persona humana. Por eso Dios es la mejor garantía de la libertad.

Sí: ¡Ni Dios sin libertad, ni libertad sin Dios!

Conviene, por eso, que no nos dejemos engañar.

La identidad cristiana es libertad, conciencia y liberación.

La identidad cristiana exige aceptar a Dios librementey vivir, al mismo tiempo, enla libertad de los hijos de Dios, que se opone al libertarismo, al libertinaje.

En la solemnidad de san Lorenzo, volvemos a experimentar ejemplarmente,

que aquí en la tierra no existe valor más sublime que el hombre libre, independiente y espiritual: ese es el hombre creado a imagen y semejanza de Dios.

El hombre que no se somete a servidumbres ni esclavitudes, que proceden de falsas ideologías.

El hombre redimido por Jesucristo.

Precisamente esta identidad cristiana es garantía de progreso para la sociedad.

Los cristianos que se opusieron a adorar a los emperadores romanos como si fueran seres divinos estaban sacando la cultura de su tiempo hacia delante, aunque los poderes de entonces los acusaran de ateos y enemigos de Roma.

La distinción entre Dios y el César es una gran aportación cristiana al progreso y a la civilización.

El anuncio del Evangelio, está al servicio del progreso, por los caminos de la concordia y de la paz. Por los caminos de la libertad.

Queridos hijos: Ser cristiano hoy requiere la misma actitud, aunque nos acusen con toda clase de infamias, bajezas y mentiras.

El humanismo ateo que trata de envolverlo todo, desintegra la sociedad y se desintegra a sí mismo como cultura humana.

El laicismo radical, idea enferma de la necesaria y justa laicidad, se vuelve contra los hombres y contra la sociedad.

Sus planteamientos no tienen nada de novedosos: arrastran todos los complejos y odios de los que fueron víctimas los mártires de todos los tiempos.

Nadie ama la libertad como la amó Cristo. De Él hemos de aprender. De su rechazo solo podemos esperar la desesperanza y la frustración.

En una cultura sin Dios y sin respeto a la Ley Natural ya no hay nadie seguro. No hay ya una autoridad ni tampoco un sentido. Entonces todo es posible.

Todo puede hacerse, no hay ni bien ni mal, no hay acciones mejores o peores.

Nada nos limita: ni Dios, ni la naturaleza, ni la razón recta.

Y así todo pude venir a ser aprobado por ley y convertirse en legítimo.

Algunos en nuestros días pretenden hacer creer que en una democracia que quiera de veras serlo, la religión y, particularmente, la religión católica, debe ser excluida de cualquier espacio público.

Afirman que la Iglesia Católica es radicalmente incompatible con la sociedad democrática y por eso fomentan la aversión a todo lo cristiano.

Ese planteamiento es falso y no responde a la verdad de las cosas.

Queridos hijos: repitámoslo una vez más: la Iglesia no desea imponer la fe a nadie.

Su misión es invitar siempre a la razón, a la búsqueda de la verdad, del bien y de Dios.

La Iglesia es una comunidad creyente en la que durante los siglos de su existencia ha madurado una determinada sabiduría de la vida.

Los cristianos custodiamos un tesoro de conocimiento y de experiencia éticos, que resultan importantes para la entera humanidad.

Por eso cuando la razón se vuelve sorda al gran mensaje que le viene de la fe cristiana y de su sabiduría, se vuelve árida, como un árbol cuyas raíces ya no llegan a las aguas que le dan vida.

Produce espanto la perspectiva de una sociedad construida en el vacío moral donde todo puede ser legitimado: el aborto, el terrorismo, la infidelidad, el engaño y la traición.

Por ese camino no se respeta la dignidad de la persona humana, llamada a un fin trascendente.

Por ese camino no hay esperanza. No se llega a la libertad.

Es el momento de afirmar con sencillez nuestra identidad cristiana, mostrando nuestro inequívoco amor por la libertad, la paz, la concordia y nuestra cercanía a los que más sufren.

 

4.Cristo no crucifica: es crucificado. Cristo no se impone: se presenta ante nosotros inerme, incluso como un niño.

Cristo no persigue: es perseguido.

No calumnia ni miente: pero sufre la infamia y el odio. No condena: nos perdona y nos invita al perdón.

Cristo ama y dice la verdad. Cristo sirve y se entrega por nosotros.

Cristo nos salva y nos rescata del mal. Ilumina nuestras conciencias y nos descubre dónde está el Camino, dónde está la Verdad y dónde está la Vida.

San Lorenzo mártir es una luz ardiente en la oscuridad de nuestro tiempo. Es un guía para conducirnos en la espesura del momento.

Su testimonio nos llama a la fidelidad al Evangelio vivido en la Iglesia.

Que su ejemplo nos anime a todos a vivir con alegría y sencillez la novedad eterna del Evangelio.

El mensaje cristiano refuerza e ilumina los principios básicos de toda convivencia.

Sí. El mensaje cristiano es fuente de progreso y de libertad.

Donde se difunde el Evangelio se afirma el valor sagrado de la vida y la dignidad de la persona y de sus derechos.

Donde se acepta el mensaje salvador de Cristo se descubre el valor irrenunciable del matrimonio y de la familia, que no se puede equiparar ni confundir con otras formas de convivencia.

No lo olvidéis: socavar las bases del matrimonio y de la familia debilita la libertad y la dignidad de las personas.

Destruir la familia es disolver la sociedad. Si las familias están enfermas la sociedad se derrumba.

 

5.Queridos hijos: concluyo mis palabras.

Una venerable tradición vincula históricamente las figuras de los mártires Lorenzo, Patrón de Huesca, y Vicente, Patrón de Valencia.

Además con san Lorenzo se relaciona también la reliquia del Santo Grial, que se venera en la Catedral Metropolitana de Valencia, y que procede ciertamente del monasterio de san Juan de la Peña en esta querida tierra de Aragón.

La historia nos une a Cristo. Y deseo también que nos una en el presente y en el futuro.

Con estos sentimientos entrego esta mañana a vuestro Obispo una réplica del Santo Cáliz, que se venera en la Catedral Metropolitana de Valencia.

Este Cáliz nos remite a la época de Jesús y nos recuerda la institución de la Eucaristía como momentos históricos que transcienden el tiempo y llegan hasta nosotros como misterio de salvación.

Así lo hemos de vivir esta mañana.

Se nos invita a entrar en comunión con el sacrificio de Cristo para alcanzar la salvación, la vida eterna.

La réplica del Santo Cáliz que desde hoy queda entre vosotros es un signo más de los vínculos que unen la vida cristiana de Aragón y Valencia.

El Cáliz ha de ser para vosotros una invitación constante a la unidad y al amor; debéis acercaros siempre a él con el corazón dispuesto a acoger el amor y a difundirlo.

Venerados y queridos hermanos, que el Señor nos conceda acercarnos con fe a la doble mesa de la Palabra y del Cuerpo y la Sangre de Cristo, en la memoria de san Lorenzo.

Que nos obtenga este don María santísima, que "guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón" (Lc 2, 19).

Un pueblo devoto y fiel a Santa María jamás será un pueblo de esclavos.

Que seáis capaces de transmitir esta devoción sincera a vuestros hijos.

Que sean capaces de amar a la Santísima Virgen para que se esfuercen en vivir como hijos de Dios.

Y así podamos construir un futuro lleno de esperanza y felicidad. Una Ciudad más humana y más de Dios.

Que así sea.

 

10 08 2009

 

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