Conferencia Episcopal

Artículos y entrevistas

¿Quién paga la crisis?

 

Cientos de miles de personas trabajadoras han ido al paro en estos últimos meses: tanto jóvenes como mayores, inmigrantes o del país. Toda una catástrofe para miles de familias amenazadas por la pobreza y la marginación, excluidas socialmente por un mercado injusto y sin escrúpulos.

Estamos asistiendo al espectáculo de una Economía que nunca ha pensado en las personas más que como objeto o mercancía para acrecentar su beneficio económico. La desvergüenza del Capitalismo ha quedado al descubierto.

Esta crisis, creada por muchos empresarios y bancos sin escrúpulos, cuyos abultados beneficios de estos últimos años no se sabe a dónde han ido a parar, reclaman cantidades astronómicas de dinero, para mantener su ritmo de crecimiento y su estatus privilegiado.

Ante esta nueva situación de crisis, el Capital quiere continuar y endurecer los mismos métodos utilizados en la época de bonanza, que nos han llevado a este desastre: flexibilización laboral, abaratamiento del despedido, privatización de más servicios públicos, disminución de cotizaciones a la Seguridad Social por parte de las empresas…

Con ello, los sectores de trabajadoras y trabajadores más débilesse encuentran cada vez más desamparados. Así pueden sufrir una mayor explotación, pagando trágicamente las consecuencias de la crisis. Como el pobre Lázaro, se ven condenados a recoger las migajas (escasos subsidios) que caen de la mesa de los ricos Epulones, para sobrevivir.

El Capital está intentando arrebatar a la clase trabajadora su dignidad. La fuerza del trabajo es el motor del Mercado Laboral. Para que éste funcione necesita de nuestra mano de obra, de nuestro saber, de nuestra profesionalidad. El dinero, por sí mismo, es incapaz de producir nada, no puede mover esta maquinaria.

Por eso, a pesar de todo lo que está ocurriendo, hemos de seguir poniendo nuestra esperanza en las personas trabajadoras. A lo largo de la Historia hemos sido capaces de avanzar, por medio de nuestras armas: el Espíritu de Sacrificio, la Solidaridad y el empeño en continuar siendo dueños y dueñas de nuestro propio destino. No podemos echar por la borda el esfuerzo de tantas personas cuya sangre y sacrificio han dado a la Clase Trabajadora la Dignidad que se merece. No tenemos derecho, por respeto a la memoria de los crucificados por el Sistema, y por respeto a nosotros/as mismos/as.

Hermandad Obrera de acción Católica (HOAC). Huesca

 

25.01.2009

 

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