Conferencia Episcopal

Artículos y entrevistas

 

40 días de Cuaresma

 

Cuaresma es una puerta que nos introduce en el misterio de la Pascua. O un pórtico de 40 puertas. Confluencia de 40 caminos. Espera de 40 días. O 40 días de ejercicios litúrgicos espirituales. El número 4, seguido de uno o dos ceros, es de los más bíblicos, después del 7. Recordad los días del diluvio, la estancia de los hebreos en Egipto, su marcha por el desierto, la permanencia de Moisés en el Sinaí, el viaje de Elías hacia el Horeb, el ayuno de Cristo en el desierto.

Si la Pascua, el "paso", es el gran salto cualitativo de los cristianos, salto a la libertad y la vida, la Cuaresma es el entrenamiento diario que prepara la forma conveniente. Todos los atletas saben de la necesidad de entrenamiento. La Cuaresma nos ofrece una tabla de 40 ejercicios. Veamos algunos, que es ya tiempo de entrenarse.

El primero es la ceniza. Es un ejercicio de mentalización. Conciencia al hombre de su fragilidad y de sus propios límites. Al que quería ser como Dios, inmortal, se le presenta gráficamente su condición terrena y efímera. El orgullo es un virus destructor. Los titanes, superhombres y constructores de torres de Babel, terminan divididos y confundidos, constatando amargos fracasos y sangrientas derrotas. "¡Acuérdate, hombre...!".

Sigue después la abstinencia y el ayuno. Es una cura de espiritualidad contra la sensual propensión a consumir y gastar, a tener y acaparar. El mundo no es un gigantesco pecho materno, sino una tarea inacabada. Abstinencia y austeridad. Se trata de tener algo menos, para ser algo más. Superar el hastío y ponerse a crear. Abstinencia y austeridad, para perder grasas nocivas y coger forma, porque el exceso cansa y embota. Abstinencia y austeridad, para poner en práctica parábolas de comunión, consumir menos y compartir más.

Típico ejercicio el del desierto. Está muy recomendado contra las epidemias de la masificación, cosificación y manipulación ("comecocos"). Al desierto, porque vivimos en un mundo de locos, donde la gente corre, chilla, gesticula, se afana sin saber para qué; donde vivimos aturdidos, agitados, angustiados; donde nos sentimos vacíos, divertidos, fugitivos. Al desierto, que es soledad y silencio, que es dureza y esfuerzo, que es concentración. Al desierto, para encontrarnos, para no sentirse "cosa" manipulada, para escapar de todo tipo de tentaciones.

Otro de los ejercicios, el más importante quizá, es la oración. Es remedio para la debilidad; es diálogo del corazón; es profundidad; es paz; es abrirse a la transcendencia; es encuentro con el "otro"; es apertura al infinito.

Artículo del libro de Cuaresma de Cáritas 1983,
tomado de la Revista Liturgia Viva,
de la delegación diocesana de Liturgia.

 

21 de febrero de 2010

 

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