Conferencia Episcopal

Artículos y entrevistas

 

En Cristo

En memoria de José María Javierre

 

El pasado viernes hubiera cumplido 86 años José María Javierre Ortas, sacerdote y periodista, fallecido en Sevilla el 17 de diciembre de 2009. Nació en Lanaja (Huesca) el 5 de marzo de 1924. Ordenado sacerdote de la diócesis de Huesca el 31 de abril de 1947, fue coadjutor de la Parroquia de Santa Engracia de Zaragoza y párroco de Lanaja y Bierge (Huesca). Autor de numerosos libros, sobre todo de carácter histórico, ha trabajado en radio, televisión, revistas y periódicos. Pertenecía a la Hermandad de Sacerdotes Operarios y permanecía muy unido a su Diócesis de Huesca y a Lanaja, su pueblo natal. Así recuerda D. Damián Iguacen, Obispo emérito de Tenerife, a José María Javierre Ortas:

Pienso que en este año sacerdotal que estamos celebrando sería bueno comprometernos a resaltar e imitar la figura de sacerdotes de nuestra Diócesis que han sido modélicos por su celo apostólico y su santidad, que son muchos en nuestra historia. En otras diócesis lo están haciendo.

Recientemente ha fallecido un famosísimo sacerdote oriundo de nuestra Diócesis, formado en nuestro Seminario y ordenado en Huesca. José María Javierre Ortas. De él se ha escrito mucho, muy bien. Se han destacado muchos aspectos de su extraordinaria personalidad. Yo le conocí a fondo. Estuve junto a él en sus últimos años de Seminario, le acompañé en los primeros años de su sacerdocio y en el último discernimiento del modo específico de vivirlo.

El año 1946, yo sacerdote, él próximo a ser, con alguno más, formulamos un “compromiso apostólico entre sacerdotes diocesanos”, que llamamos “En Cristo”. Así de breve, así de profundo, así de comprometido. Él redactó el Reglamento. Nos comprometimos a “vivir descaradamente, ante nosotros mismos y ante los demás, la vida sacerdotal de santidad y apostolado, con la humildad y la fuerza de quienes todo lo deben y todo lo dan a Cristo; a aniquilar el sí propios y en el ambiente el egoísmo que malogra el fruto de la siembra sacerdotal, para formar una “constelación de santos”. Él era el animador.

Nos comprometimos a crear vínculos estrechos entre los sacerdotes, para hacer verdad “la consumación en la Unidad que para nosotros quería Jesucristo. Nos habíamos comprometido y él lo vivió intensamente “a sentirnos responsables ante Dios, ante nuestra conciencia y ante los demás, de nuestra fidelidad y ansias de superación”.

Teniendo esto en cuenta nos explicamos el por qué de su intenso y extenso apostolado, su espíritu siempre joven y su inalterable buen humor. Vivió su vida “en Cristo”.

 

7 de marzo de 2010

 

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