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José María Cabrero, sacerdote y arcipreste del área de Somontano-Sobrarbe: “Nosotros como cristianos no hemos venido a ser servidos sino a servir”

 

 

Tras más de cuarenta años sirviendo y evangelizando en los pueblos del Somontano y casi veinte en el Sobrarbe, Cabrero ha sido condecorado con la Pajarita de Plata en Huesca.

Lejos de dejarse vencer por el aumento de trabajo ante la falta de vocaciones, este año celebrará con ánimo sus bodas de oro como sacerdote y con varios reconocimientos a sus espaldas. El ‘cura Cabrero’, como es conocido por su zona, tiene una plaza con su nombre en Radiquero, celebró sus setenta años junto a seiscientas cuarenta personas con una eucaristía, que organizaron sus feligreses en la Virgen de Dulcis, y recientemente, recibió la Pajarita de Plata en Huesca, un reconocimiento público de elección popular.


‘El secreto del cura Cabrero’
Se siente contento al saber que “hay personas a las que les llegan las cosas que uno va haciendo en la vida” y, aunque no esperaba ningún homenaje, está satisfecho de que, “en los tiempos que vivimos -resalta- se reconozca la labor del sacerdote”. Agradece los detalles, pero confiesa que no ha hecho nada especial, “esta labor es la que hemos hecho los sacerdotes siempre”. Es cierto, que ahora, muchas veces, en esos pueblos tan pequeños, “somos los únicos que estamos viviendo, presentes cuando las circunstancias lo requieren o con los vecinos para que no se sientan tan solos”.

Es cercano, presente en los momentos buenos y aquellos más dolorosos, transmite ilusiones y siempre busca motivos para la unión o reunión de sus vecinos. Ha recuperado romerías, fue promotor de las cabalgatas de Reyes en sus pueblos y ha conseguido apoyo de instituciones y colaboración de los vecinos para restaurar y erigir iglesias y ermitas. Sus lemas de siempre son: “Nuestras iglesias no se pueden caer”, es importante “saber trabajar unidos y si el edificio está recuperado, hay que hacer las celebraciones correspondientes”.


Laudato Si’, confluencia de pasiones
Se considera afortunado porque estudió biología, es sacerdote de 21 parroquias con iglesias excelentes, como la Colegiata de Alquezar o las iglesias de Santa María de Dulcis o Almazorre, y vive en una zona que es Parque Cultural del Río Vero y Parque Natural de Guara. “No puedo pedir más. Tenemos que ver en todo aquello que contemplamos la obra grandiosa de Dios. Por eso, aprovecho las romerías en las ermitas para cantar ‘señor Dios nuestro que admirable es tu nombre’ (Salmo 8). Primero tenemos que contemplar y después potenciar, pero siempre con sumo respeto”. Con la Encíclica Laudato Si’ del papa Francisco reconoce que “he disfrutado sobremanera y sigo hablando de ella”.

 

Del pueblo y para el pueblo
Durante estos cincuenta años de servicio siempre ha pensado en las palabras que le dirigió el sacerdote José María Javierre en su primera misa: “Acuérdate que eres de pueblo, que vienes del pueblo y que te debes al pueblo”. Disfruta trabajando, haciendo muchas cosas y colaborando con los ayuntamientos para que la vida en los pueblos sea más “agradable” y más “apetecible”. Concluye afirmando rotundamente, “nosotros como cristianos no hemos venido a ser servidos sino a servir”.

 

Tras los pasos de Jesús
Su consigna es encontrarse bien allá donde esté y siguiendo el mensaje que extrae de las enseñanzas de Jesús, apunta, “aquel que quiere seguir al Señor ya sabe a qué se compromete. Yo me fio de él porque me llamó antes, lo que quiere decir que Él también confía en mí”.

 

Huesca, 17 de febrero de 2017

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