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José María Cabrero y Javier Alzueta celebraron con alegría sus bodas de oro sacerdotales

 

 

 

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Llenos de gozo y gratitud, los sacerdotes José María Cabrero y Javier Alzueta celebraron ayer, festividad de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, sus cincuenta años de servicio sacerdotal, con una eucaristía, que tuvo lugar en la iglesia del Seminario Conciliar de la Santa Cruz de Huesca, en la que estuvieron acompañados de sus hermanos presbíteros. El obispo de Huesca, monseñor Julián Ruiz, presidió la misa, que estuvo concelebrada por los homenajeados, José María Cabrero, arcipreste de Somontano-Sobrarbe y párroco de diferentes localidades de esta zona, y el salesiano Javier Alzueta, vicario parroquial de María Auxiliadora.

En su homilía el obispo de Huesca se dirigió a los protagonistas con estas palabras: “Ha vosotros, José María y Javier, os agradecemos que trabajáis con cuidado, trabajáis con paciencia y trabajáis con respeto”. También recordó a todos los sacerdotes que “siempre seremos discípulos del Señor, porque es la única experiencia discipular de quienes son llamados al sacerdocio que no se interrumpe jamás. El sacerdote no sólo aprende a conocer a Cristo sino que bajo la opción del Espíritu Santo se halla dentro de un proceso de gradual y continúa configuración en él, en su ser y en su hacer, que constituye un reto permanente de crecimiento interior de la persona”.

En este día Cabrero se mostró satisfecho de haber podido llegar hasta aquí y de haber hecho lo que le ha gustado y aquello para lo que se ha sentido llamado. “He respondido como pienso que el Padre Eterno ha querido. Por mi parte, estoy satisfecho de la labor realizada y en los sitios en los que he estado como sacerdote, he sabido llevar la vida con normalidad y haciendo que esa realidad de Cristo Jesús la sepamos vivir”, apuntó. Resumió estos años de servicio con dos frases. La primera unas palabras de san Pablo que le dedicó el sacerdote José María Javierre en su primera misa: “Acuérdate de que vienes del pueblo y te debes al pueblo”. De hecho, su labor ha sido siempre en medio de los pueblos y del mundo rural. Las otras palabras que recordó son del beato Pablo VI, “cuando me ordenaron en Roma, nos llevaron a una visita con el papa en la que nos dijo ‘Sed brazos fieles de la Iglesia’, y creo que he sido uno más de esos brazos, siempre apoyado en la fe”. 

Por su parte, el salesiano Javier Alzueta, reconoció que “después de cincuenta años de sacerdote, este es un momento para dar gracias a Dios, primero por esa vocación y para mí, también, es una satisfacción ver que la mitad de esos años los he pasado aquí, en Huesca. En resumen es satisfacción, acción de gracias a Dios y también gratitud por cuantos han apoyado y ayudado la acción que nos llevó a ese momento”. Explicó que la historia es muy larga y esos años de servicio van precedidos por otros de preparación en los que profesores, sacerdotes, formadores y diferentes personas también ayudaron. “Todas estas cosas no pueden pasar desapercibidas y te animan y obligan a seguir  trabajando durante más años con y por la gracia de Dios”, comentó Alzueta. El servicio pastoral para él ha sido lo más importante y siempre ha intentado ‘servir a Dios con alegría’, como decía el lema que eligió para su ordenación. 

A las 12.30 horas, en el salón de actos del Seminario, el sacerdote Rafael Batalla, formador del Seminario Conciliar de la Santa Cruz, impartió una conferencia sobre el documento de la Congregación para el Clero que tiene como título ‘El Don de la vocación presbiteral’ (Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis). Principalmente, se centró en aquellos aspectos del texto que atañen a los sacerdotes y a la formación permanente, que se divide en cuatro áreas: la humana, la intelectual, la pastoral y la espiritual. “Hay que poner el énfasis en la formación humana y la pastoral, que tiene que ser abierta, una pastoral misionera, pero todo ello siempre animado desde lo espiritual”, subrayó. Batalla confesó que al trabajar en el proceso de formación de las Unidades Pastorales, “nos damos cuenta de que hay que romper el cerco de las parroquias y hay que salir”.

Posteriormente, algunos representantes del Centro de Orientación Familiar Interdiocesano (COF - Altoaragón) expusieron la labor que se realiza en este centro para darla a conocer con más detalle a las personas presentes. Hace dieciséis años que el COF presta servicios de Orientación, Prevención y Terapia a todas aquellas familias de la provincia de Huesca que lo solicitan. En este tiempo, han sido atendidas más de 600 familias con diferentes problemáticas y se han realizado cerca de 7.000 intervenciones o consultas. Además, este centro trabaja de modo interrelacionado con otras instituciones y servicios del ámbito social.

La celebración terminó con una comida fraterna en la que los homenajeados y sus hermanos sacerdotes disfrutaron de un tiempo para compartir juntos.

 

Javier Alzueta

Javier Alzueta Domeño, nació el 22 de diciembre de 1941 en Pamplona y fue ordenado sacerdote el 5 de marzo de 1967 en Barcelona, por fray Matías Solá. Cantó su primera misa en 1967, en Aibar (Navarra) y, el 14 de julio de 1967, lo destinaron a la comunidad salesiana de Ciudadela de Menorca, en donde estuvo durante ocho años, primero como encargado de disciplina y después pasó a ser superior de la comunidad. En 1975, fue trasladado al colegio San Juan Bosco Horta, de Barcelona y tres años más tarde, tomó el testigo como superior del colegio salesiano de Monzón, donde estuvo hasta 1984.

Posteriormente, fue destinado de nuevo a Barcelona, donde permaneció hasta 1990, año en que fue nombrado director del colegio salesiano de Huesca. Tras dejar su cargo como responsable de este centro salesiano, hace cuatro años, fue nombrado vicario parroquial de María Auxiliadora, donde continúa actualmente.  

 

José María Cabrero

José María Cabrero es natural de Siétamo, donde nació el 7 de marzo de 1944 y fue ordenado sacerdote por monseñor Garrone, en Roma, el 18 de marzo de 1967. Comenzó su servicio siendo coadjutor de Bolea y encargado de Puibolea en 1968 y al año siguiente, pasó a encargarse de Bolea, Lierta y Aniés. En 1977, se encargó también de Alquézar, Radiquero, Buera y San Pelegrín. En 1977, comenzó su labor como educador del Seminario y dos años más tarde, además, fue administrador del mismo. De 1985 a 1992, fue director de la Residencia Sacerdotal y en 1995, fue nombrado párroco de Colungo y Asque.

Además, ha formado parte del Consejo Presbiteral, del Colegio de Consultores y ha sido elegido arcipreste del Somontano-Sobrarbe, cargos que ha renovado y desempeñado en diferentes momentos de su vida. En 1999, asumió las parroquias de Lecina, Betorz, Bárcabo, Hospitaled, Almazorre, Eripol, Arcusa, Castellazo, Santa María de Buil, Paules, Santa María de la Nuez, Sarsa de Surta y Las Bellostas. Entre otros servicios que ha realizado y realiza para la diócesis, actualmente es director de la Comisión de Clero y la Vida Consagrada. 


Huesca, 9 de junio de 2017

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