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Entrevista a Ohiana Iturbide: "La adicción es la enfermedad del autoengaño"

 

 

Madre e hija frente a las drogas’ con esta realidad, Ohiana Uturbide y María Aranzadi mostraron su proceso de rehabilitación para llenar de esperanza a todas las personas que son o han sido esclavos de las drogas, del alcohol, de las sustancias… Unos testimonios que no dejaron indiferentes a ninguna de las personas que asistieron en septiembre a la conferencia ofrecida por Ohiana junto a su madre y organizada por el Centro de Solidaridad Interdiocesano de Huesca. Tras haber pasado por este proceso del que se recuperó hace diez años y en el que todos los detalles son fundamentales para no tener una recaída, Ohiana decidió contar su historia más sincera. María reforzó explicando el proceso desde los ojos y el corazón de una madre implicada directamente como codependiente y coadicta.

A los quince años Ohiana era una joven con rutinas, establecidas como aceptables entre los adolescentes. Salir, beber, el rollo de siempre… pero poco a poco comenzó a sobrepasarse con el alcohol y más tarde lo acompañó con otras sustancias como la cocaína. Un comportamiento, que inicialmente sus padres habían normalizado, a pesar de que las cosas no funcionaban bien. El apoyo y acompañamiento de su madre fue clave para su recuperación, por lo que Ohiana, quiso reconocer su esfuerzo creando una fundación con su nombre, Fundación María Aranzadi.

 

¿Cómo se llega hasta una adicción? 

Yo soy de la teoría, aunque hay quien piensa diferente, de que las personas que empiezan a consumir y se siente bien antes de consumir, probablemente no desarrollen una adicción, porque lo harán de manera fortuita. Sin embargo, una persona que se siente mal por algo, y no tiene recursos suficientes para gestionarlo, probablemente encuentre en las sustancias o en el alcohol, que es lo primero que se bebe, una manera de neutralizar el malestar. Nunca tenemos en cuenta que entre los jóvenes que hacen botellón, hay quien lo hace para divertirse y otros lo hacen porque se encuentran mejor haciendo eso, que en su día a día. Ese es el riesgo de desarrollar una adicción, porque además la adicción es la enfermedad del autoengaño.


¿Cómo te diste cuenta de que necesitabas ayuda?

Cuando entré a desintoxicación, fue porque no tenía más opciones, no porque mi cabeza hiciese un ‘clic’. Mi vida estaba destrozada y hacía eso o no había muchas probabilidades de que sobreviviera. Además, a mis padres los tenía encima, pero no consideraba que yo tuviese un problema. En el ingreso a los tres meses tuve una recaída monstruosa, fueron solamente dos cervezas pero mi cabeza se destrozó, se volvió completamente loca. En ese momento, que afortunadamente tuve la posibilidad de verme, me di cuenta de que si seguía iba a enloquecer de verdad. Hay quien no consigue verse y enloquece. Yo tuve esa suerte y dejé de consumir.


En este proceso me imagino que la familia es un pilar importante de ahí: ‘Madre e hija frente a las drogas’

En el proceso, hay pacientes que salen sin la familia porque las circunstancias de cada uno son diferentes. Hay una frase que en el centro de desintoxicación nos dicen mucho: “te vas a recuperar, con, sin o a pesar de la familia”. Pero es más fácil si tu familia te acompaña, pero para hacer un buen acompañamiento tienen que entender.

En mi caso, la relación con mi madre fue muy importante para que yo consiguiera verme a mí misma. Cuando tienes una adicción lo más difícil es verte a ti mismo, ver que tiene un trastorno y asumirlo. Y en las terapias familiares oír a mi madre me ayudó a verme a mí, con lo cual la relación con ella ha favorecido que pudiese recuperarme y que saliese para delante. Por eso cuando decidimos montar la Fundación para mí era básico que ella diese testimonio.

 

¿Cómo influye en este proceso la dimensión espiritual?

Influye mucho más de los que somos conscientes nosotros y los propios terapeutas. En mi caso fue definitivo, no sólo la relación con los demás que he comentado sino la relación con la naturaleza. Yo miraba al monte y no sentía nada, así que empecé a repetirme ¡Qué paisaje más bonito! Aunque seguía sin sentir nada, porque tenía las sensaciones absolutamente apagadas y el sentido de transcendencia también. Entonces me ocurrió una cosa durante la recuperación. Los días que no pensaba en otra cosa que en matarme, me repetía una oración que no sabía ni de dónde la había sacado. Era la oración de santa Teresa de “Todo pasa…” y la repetía continuamente y me aliviaba. Así estuve mucho tiempo y tuve sensación de bienestar en esa oración.

Esa experiencia me llevó a sentir que había algo más allá, fuese a través de la conexión de los demás, o de la oración o la naturaleza, pero algo estaba sintiendo, probablemente el sentido de trascendencia, porque yo lo he buscado toda la vida. Esta parte, fue absolutamente importante ese proceso, porque cuando empecé a sentir, me vi capaz de sentir esperanza. En la rehabilitación, eso no se pueda utilizar demasiado y tenemos que apoyarnos en nuestra propia biología y en la relación con los demás. Tenemos que ser prudentes en el proceso.

 

¿Qué pueden hacer los padres para evitar estas situaciones? 
No creo que sirva de mucho que los padres expliquen, justo en el momento de la adolescencia, lo malas que son las drogas. Si el chaval las prueba y ve que le sientan bien, porque las drogas al principio sientan bien aunque después a la larga no, ya será tarde.

Lo poco que se puede hacer es mirar a los hijos mucho antes de que comiencen la adolescencia. En los hijos se ve, cuando uno de los dos hermanos es más nervioso, necesita hacer cosas que le peguen subidón, si tiene conflictos en el colegio o tiene dificultades. Este chaval tendrá más posibilidades de encontrar alivio en las drogas, pero si se habla con él desde muy joven y se buscan recursos, como hobbies o grupos juveniles, que puedan ayudarle, quizá haya una oportunidad para esa persona. Pero eso requiere que los padres tengan tiempo para estar con sus hijos y para hablar con ellos y estamos en un momento en el que no hay tiempo.


¿Y… ante esta sociedad llena de atropellos y prisas, cómo podemos evitar estas situaciones?

Ese es el problema de este país y de muchos otros. A mí me cuesta muchas veces prestar atención a los detalles. ¿Si un padre o una madre no es capaz de conectar consigo misma, cómo va a conectar con su hijo o hija?

Por el momento, en España veo difícil solución, aunque hay países que están incorporando en su sociedad iniciativas para ayudar a los jóvenes. En Islandia hay un programa maravilloso, que el gobierno está poniendo a disposición de los padres y madres, para que puedan estar con sus hijos a ese nivel. Se trata de una serie de actividades fuertes en las que pueden apuntar a sus hijos para satisfacer ese subidón que los chavales necesitan en determinados momentos. De manera que pueden disfrutar con sus amigos y después volver a casa y relajarse, sin necesidad de tomar sustancias como el éxtasis.


¿Qué les dirías a las personas que se ven en estas situaciones, que tú ya has vivido y de la que has salido?

Todo lo que viven no es real, aunque ellos consideran que es real, no lo es. Cuando salen de esa irrealidad se van a encontrar con vínculos y con personas alucinantes, que son mucho más potentes que cualquier droga que se puedan meter. Desde dentro, todo eso es imposible verlo. La vida te parece que es no solo un aburrimiento sino un infierno. Les animaría a que, en el momento que tienen bajones, que busquen ayuda en familia, médicos o amigos.

 

Huesca, 26 de octubre de 2017

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