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	<title>Diócesis de Huesca</title>
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	<title>Diócesis de Huesca</title>
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		<title>Carta del padre Pedro: Domingo de Ramos</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/domingo-de-ramos</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Mar 2026 10:08:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. Estos días nos sitúan de lleno ante el centro de nuestra fe cristiana, pero también nos ayudan a encontramos con nuestra historia, nuestra cultura y nuestras tradiciones. En la Semana Santa conviven una honda experiencia de fe con una preciosa expresión de arte, de [&#8230;]]]></description>
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<p>El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. Estos días nos sitúan de lleno ante el centro de nuestra fe cristiana, pero también nos ayudan a encontramos con nuestra historia, nuestra cultura y nuestras tradiciones. En la Semana Santa conviven una honda experiencia de fe con una preciosa expresión de arte, de símbolos, de imágenes y de experiencias compartidas.</p>
<p>Siempre hay un componente de sorpresa y de admiración en estos días: ¿cómo es posible creer en un Dios crucificado por los hombres? ¿Cómo es posible vivir y creer desde una religión que procede de una experiencia tan increíble como la que recordamos en estos días? Esta es, precisamente, la grandeza de la Semana Santa que nos disponemos a vivir en nuestra diócesis:<em> “tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”</em> (Jn 3, 16).</p>
<p>Esto es lo que celebramos en estos días santos. Nos reunimos con profunda alegría para conmemorar los Misterios que nos dieron nueva Vida. Celebramos nuestra fe, que transforma de modo definitivo nuestra existencia y la de todos los seres humanos.</p>
<p>El Jueves Santo <em>celebramos</em> con serena alegría la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial, así como el día en el que el Señor, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo. Ese Amor es la fuente del amor fraterno que somos llamados a vivir.</p>
<p>El Viernes Santo <em>contemplamos</em>, con profundo sentimiento, la pasión y muerte del Señor. La cruz es para nosotros una señal de bendición porque antes fue, para Jesús, el lugar de su entrega generosa para nuestra salvación: sus heridas nos han curado.</p>
<p>Y en la Vigilia Pascual y el Domingo de resurrección, que se prolonga a lo largo del tiempo pascual, recibimos el mejor regalo: Cristo vive y te quiere vivo. Y somos enviados a<em> testimoniar</em> a Cristo en todos los ambientes en los que nos movemos</p>
<p><em>Celebrar, contemplar y testimoniar</em> son tres verbos que sintetizan lo que vamos a vivir y lo que somos invitados a compartir y a transmitir en estos días.</p>
<p>Os deseo que estos días os ayuden a encontraros con el profundo deseo de Dios que anida en vuestro corazón. Os envío a todos mi felicitación en estos días de Pascua, deseándoos que podáis vivir y celebrar con profunda serenidad y alegría el Amor de Cristo. Dios os conceda el precioso don de renovar vuestro deseo de seguir a Jesús.</p>
<p>Nunca olvidéis las palabras con la que Jesús se presenta, resucitado, ante los suyos: “La paz esté con vosotros”. Esa paz, serena y profunda, que procede de la transformadora experiencia del encuentro con Cristo, el Señor.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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		<title>Carta del padre Pedro: Yo soy la Resurrección y la Vida</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-yo-soy-la-resurreccion-y-la-vida</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 15:42:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[El quinto domingo de Cuaresma nos regala la maravillosa narración de la resurrección de Lázaro, el amigo de Jesús, el hermano de Marta y María, por quien Jesús lloró al saber que había fallecido. La narración es preciosa, y tiene la magia de que nos ayuda a identificarnos con todo lo que sucede. Es una [&#8230;]]]></description>
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<p>El quinto domingo de Cuaresma nos regala la maravillosa narración de la resurrección de Lázaro, el amigo de Jesús, el hermano de Marta y María, por quien Jesús lloró al saber que había fallecido.</p>
<p>La narración es preciosa, y tiene la magia de que nos ayuda a identificarnos con todo lo que sucede. Es una historia nuestra, conocida por todos nosotros, experimentada en algún momento de nuestra vida. El dolor por la muerte de un ser querido, las preguntas ante la muerte, la necesidad de consuelo, la esperanza en la vida, la pregunta por el “por qué”. Todo es nuestro, y Jesús lo comparte todo, incluso las lágrimas.</p>
<p>Pero, siendo una historia profundamente nuestra, es mucho más. No es sólo la narración de un hecho extraordinario, de un milagro de Jesús en el que el Señor devuelve la vida a alguien que había muerto. No. Es una narración que nos acerca a las preguntas fundamentales del ser humano, a lo más profundo de nuestra humanidad. Somos seres que deseamos vivir, que buscamos vida, que anhelamos plenitud.</p>
<p>Jesús nos dice que Él es la Resurrección y la Vida. Vivimos una sociedad que ignora la muerte y trata de anestesiar esas preguntas. Les tenemos miedo. La Iglesia necesita hablar más de la vida eterna, hablar más de la puerta que fue abierta por Dios con la resurrección de Jesús. Necesitamos perder el miedo a la vida eterna.</p>
<p>Esa Vida es una maravillosa noticia. Es bueno que lo pensemos. En esa vida eterna, en la que creemos y esperamos, podremos encontramos cara a cara con Jesús, preguntarle tantas cosas que guardamos en nuestro corazón, compartir esa plenitud con testigos formidables del Evangelio que viven ya la santidad de la presencia de Dios, encontrarnos con nuestros seres queridos que nos han precedido en esa peregrinación. Esa es la plenitud que nos ha sido prometida por Jesús, y en ella creemos cuando recitamos el Credo cada domingo, cuando decimos al final, precisamente antes del AMÉN, “creo en la vida eterna”. Ese “amén” es un detalle precioso para nuestra fe, y significa dos cosas; “así sea” y “así es”. Es, a la vez, promesa y deseo. Promesa de Dios y deseo profundo de nuestro corazón. Esta es nuestra fe.</p>
<p>Nos acercamos a la celebración de los Misterios que nos dieron nueva Vida. El domingo próximo es ya Domingo de Ramos, el domingo en el que contemplamos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y la narración de su pasión y muerte. Vivamos esta Semana Santa con serenidad, con confianza y agradecimiento. Es cierto que para muchos puede ser una semana de descanso o de vacación, y tampoco eso es malo. Pero busquemos que sea una semana de encuentro con Cristo, de encuentro transformador con Aquél que nos dijo “yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre si no es por mí”.</p>
<p>Siempre me hizo pensar mucho la última homilía del Papa Francisco, que no pudo leer personalmente, pero quedó escrita: <em>“Cristo resucitado abre nuestra vida a la esperanza. Él está vivo, Él renueva nuestra vida”.</em></p>
<p>Os deseo un buen camino cuaresmal. Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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		<title>Carta del padre Pedro: Sed de Dios, sed de agua viva</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-sed-de-dios-sed-de-agua-viva</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Mar 2026 09:42:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[El tercer domingo de este tiempo cuaresmal que estamos viviendo está iluminado por un precioso encuentro, el de Jesús con una mujer de Samaría cuyo nombre no conocemos y que ha pasado a nuestras vidas con el nombre de “la samaritana”, una mujer que pertenecía a un pueblo marginado y no valorado por la comunidad [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El tercer domingo de este tiempo cuaresmal que estamos viviendo está iluminado por un precioso encuentro, el de Jesús con una mujer de Samaría cuyo nombre no conocemos y que ha pasado a nuestras vidas con el nombre de “la samaritana”, una mujer que pertenecía a un pueblo marginado y no valorado por la comunidad judía. Y, en ese encuentro, se nos ofrecen unas pistas preciosas para nuestra vida de fe. Sólo me fijaré en alguna de ellas, pensando en el momento que vivimos en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad.</p>
<p>Esa mujer tenía una imagen de Dios que había heredado y tenía su modo de relacionarse con ese Dios. Pero no le bastaba, necesitaba algo más. Tenía<em> “sed de agua viva”</em> y se sintió impactada por las palabras de aquel desconocido. Jesús se da cuenta de que “no conocía el don de Dios”, y se lo dice. Provoca su búsqueda, provoca sus preguntas.</p>
<p>Tal vez eso pase a mucha gente de nuestras ciudades y pueblos, que se han ido alejando de Dios porque la imagen que tienen de Él no solo no les ayuda, sino que les desconcierta. No nos escandalicemos de eso. También yo me he ido alejando de ciertas imágenes de Dios que son incompletas y ajenas al Dios de Amor revelado por Jesús: un Dios justiciero, un Dios excluyente, un Dios ajeno a los dolores del ser humano, un Dios lejano al que hay que subir a una alta montaña para poder relacionarnos con Él, fuera de la vida cotidiana. El Dios de Jesús, el Dios Padre, no es así. Jesús, queridos hermanos, nos acerca a Dios y fortalece nuestra fe. Y nos hace felices y plenos, porque encontramos sentido y horizonte, y nuestra sed de Dios, nuestra sed de “agua viva” se va colmando poco a poco. También yo tengo sed de agua viva. Os deseo esa sed.</p>
<p>La mujer estaba a gusto con Jesús. Se fue a su pueblo y volvió, después de dar testimonio de lo que había vivido. Estaba a gusto con el Señor. Había entendido lo que significa “adorar a Dios en espíritu y verdad”, tal y como le propuso Jesús. Muchos de nosotros tenemos esa bella experiencia de “estar a gusto con Jesús”. Muchos tenemos la experiencia del gozo interior que vivimos cuando adoramos al Señor en espíritu y verdad.</p>
<p>¿Qué quiere decir eso? Hace poco estuve en una adoración eucarística con un numeroso grupo de jóvenes. Estaban a gusto. Muchos de ellos encontraron el espacio para vivir el sacramento de la reconciliación y sanar su dolor. Porque delante del Señor sólo podemos estar en espíritu y verdad. Es decir, desde lo profundo de nosotros mismos, desde la transparencia de nuestra vida delante de Él, desde la búsqueda de una certera autenticidad.</p>
<p>Os propongo tres pequeñas pistas para este tiempo cuaresmal: buscad el sacramento de la reconciliación y vividlo con alegría, porque todos estamos necesitados del perdón de Dios. Para ello, dejadle a Jesús entrar en vuestra vida, para haceros conscientes de dónde están vuestros dolores y vuestras necesidades de conversión. La segunda: buscad un tiempo de oración personal, para disfrutar de ese encuentro en espíritu y verdad. Y la tercera, anímate a hablar de tu fe, de tu experiencia de Dios, para poder así avanzar y descubrir que Dios siempre te acompaña.</p>
<p>Os deseo un buen camino cuaresmal. Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Carta del padre Pedro: El ciego que ve y los que, viendo, son ciegos</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-el-ciego-que-ve-y-los-que-viendo-son-ciegos</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Mar 2026 09:22:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[En este cuarto domingo de Cuaresma nos encontramos con un pasaje evangélico que solemos titular como “la curación del ciego de nacimiento”. Pero es mucho más que eso. Es mucho más que la curación de un ciego. Y el curado no es el único ciego de la historia; hay otros, que son espiritualmente ciegos. Y [&#8230;]]]></description>
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<p>En este cuarto domingo de Cuaresma nos encontramos con un pasaje evangélico que solemos titular como “la curación del ciego de nacimiento”. Pero es mucho más que eso. Es mucho más que la curación de un ciego. Y el curado no es el único ciego de la historia; hay otros, que son espiritualmente ciegos. Y esos no se dejan curar por Jesús. Fijémonos en algunos detalles de la historia.</p>
<p>Pensemos en el hombre ciego. Es Jesús el que se acerca a él, porque lo ve sentado, inmóvil y pidiendo limosna. Y, además, era un hombre juzgado por los demás, que le consideraban un pecador e hijo de pecadores. Pero Jesús se acerca a este excluido por eso, porque está excluido. Y le devuelve la vista, para que pueda tener un horizonte en su vida y volver a situarse en la comunidad.</p>
<p>Pero los dueños de la religión oficial le siguen excluyendo. Le juzgan, la insultan y le excluyen, porque da testimonio de que Jesús es diferente, de que hay un profeta entre nosotros que rompe las barreras y sana nuestra vida. Y ellos, los guardianes de la ortodoxia “religiosa”, lo vuelven a excluir.</p>
<p>Pero Jesús insiste. El texto evangélico dice algo precioso:<em> “Jesús se enteró de que lo habían echado fuera y fue a buscarlo”</em>. Es una frase extraordinaria (Jn 9, 35). Y ese hombre confiesa su fe en Jesús. Y Jesús revela su alma:<em> “los que no ven, verán, y los que creen que ven, quedarán ciegos”</em> (Jn 9, 39).</p>
<p>El milagro de esta historia no es sólo la curación de la ceguera física de una persona, sino el anuncio de una fe nueva, que no excluye a nadie y que está basada en el amor de Cristo. Una fe que nos transforma, que acoge a todos y que a todos nos ayuda a cambiar. La acogida de Jesús no consiste en que todo vale, sino en que todos valemos si abrimos nuestro corazón a la propuesta del Evangelio. El<em> “todos, todos, todos”</em> del Papa Francisco es una propuesta formidable: todos podemos decir que SÍ al Señor y tratar de vivir en coherencia con su propuesta. Por eso, lo que Jesús espera del ciego que ha recuperado la vista es que viva de modo nuevo. Esta es nuestra fe, este es el mensaje de la Iglesia.</p>
<p>¡Cuántas personas se han sentido excluidas y juzgadas en nuestra comunidad cristiana! Excluidas sin ser escuchadas, sin que nadie haya tratado de entender lo que hay en su corazón, lo que sienten que quieren vivir, lo que esperan de la Iglesia. No seamos una Iglesia ciega, sino abierta para acoger anunciando, para escuchar proponiendo, para acompañar ofreciendo nuevas pistas, para valorar sugiriendo lo que la persona necesita y a lo mejor nunca ha escuchado. No seamos una Iglesia incapaz de sanar y de ofrecer un mensaje que nos cambie. Es nuestra misión.</p>
<p>Hermanos, hermanas, aunque en ocasiones os sintáis rechazados, Jesús os está acogiendo. Nunca dejará de hacerlo, y buscará el modo de que lo experimentéis.</p>
<p>Os deseo un buen camino cuaresmal. Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Carta del padre Pedro: Transfiguración del Señor</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-transfiguracion-del-senor</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Feb 2026 11:09:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[El texto evangélico de este segundo domingo de Cuaresma es el de la Transfiguración del Señor. Es un texto muy bello, tan sugerente como interpelante. Podemos fijarnos en muchos detalles, pero yo quisiera destacar solamente dos en esta carta semanal desde la que trato de acompañar vuestro camino de fe. El primero de ellos es [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El texto evangélico de este segundo domingo de Cuaresma es el de la Transfiguración del Señor. Es un texto muy bello, tan sugerente como interpelante. Podemos fijarnos en muchos detalles, pero yo quisiera destacar solamente dos en esta carta semanal desde la que trato de acompañar vuestro camino de fe.</p>
<p>El primero de ellos es la reacción de los discípulos al escuchar la voz de Dios que decía:<em> “Este es mi Hijo amado, escuchadlo”.</em> Los discípulos tenían miedo de escuchar a Jesús. Siempre me ha hecho pensar mucho esta reacción, que es honesta, sin duda, pero que nos tiene que hacer pensar. ¿Tenemos también nosotros miedo de escuchar a Jesús, de escuchar sus palabras? A lo mejor nos da miedo escuchar cosas como estas: si te dan en una mejilla, pon la otra; ama a tus enemigos; carga con tu cruz y sígueme; permanece en mí; tuve hambre y me diste de comer, fui extranjero y me acogiste; no he venido por los justos, sino por los pecadores, y tantas otras palabras de Jesús que nos desinstalan y nos cuestionan, cambian nuestra mentalidad y nos obligan a repensar nuestra vida. Tener miedo de Jesús es tener poca fe, y pensar más en nosotros mismos que en la propuesta de Vida que nos ha venido a traer.</p>
<p>El segundo detalle es la preciosa escena desde la que Jesús se dirige a sus asustados discípulos: se acerca, les toca y les dice <em>“levantaos, no temáis”.</em> Es bellísimo. Jesús comprende su desconcierto, como comprende el nuestro. Pero les tranquiliza y les anima, simplemente porque les ama. Como a nosotros. La propuesta de Jesús no puede ser escuchada ni comprendida desde el miedo, sino desde la confianza.</p>
<p>La transfiguración es la narración de una experiencia religiosa vivida por Pedro, Santiago y Juan en lo alto de una montaña. La experiencia religiosa, la experiencia de la oración, la experiencia de la fe, es para nosotros, esencialmente, un encuentro con Cristo. El Papa Francisco, citando al Papa Benedicto, insistía frecuentemente en que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.</p>
<p>La fe cristiana es, esencialmente, un encuentro con Cristo. La fe consiste es descubrirle como la respuesta a nuestras preguntas, como el camino para nuestra vida, como el amigo que camina con nosotros. Siempre me hizo pensar Francisco cuando decía que <em>“la experiencia religiosa es encontrarte con uno que ya te está esperando”.</em> He visto esto en muchas personas a lo largo de mi vida, personas que han sabido reconocer a Jesús en su vida y han tomado la decisión de seguirle, cada uno según su vocación. Esto es maravilloso, es el camino de la fe.</p>
<p>Os deseo que en esta Cuaresma os podáis encontrar con Jesús. Pero nunca olvidéis que, después, “hay que bajar del monte”, como hicieron los discípulos. A Jesús se le encuentra en la vida, en el día a día, en la construcción del Reino de Dios.</p>
<p>Os deseo un buen camino cuaresmal. Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Carta del padre Pedro: Cuaresma</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-cuaresma</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Feb 2026 12:19:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Con la celebración del Miércoles de Ceniza hemos comenzado la Cuaresma. Comparto con vosotros algunas reflexiones sobre este tiempo precioso que la Iglesia nos ofrece para prepararnos a la celebración de la Pascua. El dinamismo central de la Cuaresma es la llamada a la conversión. A veces rodeamos a esta palabra de imágenes tristes, unidas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Con la celebración del Miércoles de Ceniza hemos comenzado la Cuaresma. Comparto con vosotros algunas reflexiones sobre este tiempo precioso que la Iglesia nos ofrece para prepararnos a la celebración de la Pascua.</p>
<p>El dinamismo central de la Cuaresma es la llamada a la conversión. A veces rodeamos a esta palabra de imágenes tristes, unidas a experiencias de penitencia o de mortificación. El mismo signo de la ceniza nos evoca esas experiencias. Nada de eso es malo, porque nos viene bien recordar que somos pecadores y nos ayuda asumir renuncias para hacernos más conscientes de nuestra realidad.</p>
<p>Pero la conversión es, esencialmente, algo bello, alegre, sanador, profundamente positivo. La conversión consiste es cambiar el corazón, en tomar una dirección vital más sana y fraterna, abrir nuestra alma al encuentro con Dios, sentir que el Padre nos ama y actuar en consecuencia. La conversión es elegir Vida, y Vida con mayúsculas. La conversión es dejar entrar a Dios en nuestra vida y disfrutar de estar en sus manos y caminar con Él.</p>
<p>Jesús nos llama a la conversión desde un anuncio maravilloso: “Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios” (Mt 4, 17). Es el anuncio de la predicación de Jesús. Y esto no es simplemente un detalle. El primer anuncio del Señor es la llamada a la conversión y la comunicación de la razón de su propuesta: está cerca el Reino de Dios.</p>
<p>Lo primero, y este es el mensaje de la Ceniza, es detenerme un poco, sin miedo a quedarme a solas conmigo mismo y hacerme las preguntas que me tengo que hacer. Lo primero es hacerme consciente de mi propia realidad, de mis equivocaciones, de mis negativas ante Dios y antes los hermanos, de mi pecado. Y desde esa actitud de honesta sinceridad y transparencia conmigo mismo, iniciar un proceso de acercamiento a Dios, a la vida que Él me propone, a los valores que Él me inspira, a las claves de la Buena Noticia que Jesús nos trajo y que nos regaló. Esta es la conversión.</p>
<p>En este primer domingo de Cuaresma escuchamos el pasaje de las tentaciones. Todos tenemos tentaciones. El Papa Francisco hablaba muchas veces de esos <em>“diablillos educados, que entran en tu casa sin que tú te des cuenta, en ocasiones disfrazados, y te hacen mucho mal”.</em> Esos son los “diablillos” que tenemos que descubrir y sobre los que tenemos que trabajar. Os comparto el nombre de alguno de ellos: el conformismo, el individualismo, el orgullo, la autosuficiencia, el afán de criticar, el pesimismo, el egoísmo, la falta de cuidado de nuestra vida espiritual, etc. Hay muchos “diablillos tentadores”. Por eso tenemos que estar atentos, vigilantes.</p>
<p>La vigilancia espiritual consiste en custodiar el propio corazón, siendo conscientes de nosotros mismos. No olvidemos que el propio Jesús introdujo el riesgo de la tentación en la oración del Padre Nuestro. Nos enseñó a pedirle a Dios, nuestro Padre, que <em>“no nos deje caer en la tentación”.</em> Lo rezamos todos los días. Eso nos ayuda a ser conscientes de que necesitamos de la ayuda de Dios. Por eso la Cuaresma es importante, y es bueno vivirla dándonos cuenta de nuestra necesidad de conversión.</p>
<p>Os deseo un buen camino cuaresmal. Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Carta del padre Pedro: Acoger, proteger, promover e integrar</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/acoger-proteger-promover-e-integrar</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 14 Feb 2026 23:24:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Como sabéis, estos son los cuatro verbos propuestos por el Papa Francisco para expresar el modo de pensar de la Iglesia en relación con los migrantes que llegan a un nuevo país buscando una nueva vida para ellos y sus familias. Es bueno recordarlos en estos días en los que estamos asistiendo a un debate [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Como sabéis, estos son los cuatro verbos propuestos por el Papa Francisco para expresar el modo de pensar de la Iglesia en relación con los migrantes que llegan a un nuevo país buscando una nueva vida para ellos y sus familias.</p>
<p>Es bueno recordarlos en estos días en los que estamos asistiendo a un debate público sobre la decisión del gobierno de regularizar la situación de varios cientos de miles de personas migrantes que viven y trabajan entre nosotros. Como en otras muchas ocasiones, también aquí se mezclan, en el debate y en la diversidad de opiniones, cuestiones de estrategia política, preguntas sobre el desarrollo legal de la medida y consideraciones humanas y fraternas sobre una medida que va a aliviar, profundamente, la situación de tantas personas.</p>
<p>Como Iglesia, celebramos la puesta en marcha de esta Iniciativa Legislativa Popular, impulsada por tantas asociaciones y entidades de diverso signo, unidas por una convicción: hay que resolver la situación de enorme inseguridad en la que viven tantas personas que llegaron a nuestro país en busca de un futuro mejor. Nuestra Iglesia trabajó en firme apoyando esta propuesta, y hoy lo celebramos.</p>
<p>Soy consciente de que, en este momento de gran polarización política, cualquier planteamiento sobre esta clase de temas puede sonar a posicionamientos de ese tipo. Nada más lejos de mi intención ni de la sensibilidad de la Iglesia ante esta cuestión migratoria. La Iglesia no habla desde posiciones políticas, sino desde el Evangelio, que se actualiza en la doctrina social de la Iglesia, y comprende que los diversos partidos tienen sus planteamientos y los manifiestan con libertad y, ojalá, con respeto ante las posiciones de los otros.</p>
<p>Lo que la Iglesia defiende, sostiene y propone es que la comunidad cristiana se alegra del bien de tantas personas que llevan tiempo entre nosotros y que, reuniendo las condiciones necesarias para el bien común, con su vida y su trabajo contribuyen al futuro de la sociedad. Es bueno reconocer que, con su diversidad y estilos, enriquecen nuestra convivencia y, muchos de ellos, nuestra experiencia de fe. Os invito a leer los diversos documentos que los Papas, la Conferencia Episcopal y numerosas comunidades cristianas han ido elaborando estos años para impulsar los cuatro verbos de Francisco.</p>
<p>Es muy iluminador el mensaje del Papa León XIV. Os lo sintetizo en un párrafo especialmente profundo de su exhortación apostólica “Dilexi te”:<em> “La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Sabe que el anuncio del Evangelio sólo es creíble cuando se traduce en gestos de cercanía y de acogida; y que en cada migrante rechazado, es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad”.</em></p>
<p>Esto es lo que piensa la Iglesia. Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Carta del padre Pedro: Declaramos la guerra al hambre</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-declaramos-la-guerra-al-hambre</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Feb 2026 17:41:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Este es el lema -tan certero como provocador-, desde el que MANOS UNIDAS lanza su campaña anual, en este mes de febrero de 2026. Con este lema, Manos Unidas conecta con su propio nacimiento, a mediados del pasado siglo. Es apasionante leer el Manifiesto de aquellas mujeres católicas que engendraron Manos Unidas en el que, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Este es el lema -tan certero como provocador-, desde el que MANOS UNIDAS lanza su campaña anual, en este mes de febrero de 2026. Con este lema, Manos Unidas conecta con su propio nacimiento, a mediados del pasado siglo.</p>
<p>Es apasionante leer el Manifiesto de aquellas mujeres católicas que engendraron Manos Unidas en el que, en aquellos años, <em>declararon la guerra al hambre</em> en nuestro mundo. Es muy bueno escucharlas decir, por ejemplo, que <em>“sólo hay un obstáculo en la lucha contra el hambre que sería insuperable: creer que la victoria es imposible”</em>. Con los años, Manos Unidas se ha consolidado con un formidable fruto de aquella lucha.</p>
<p>Son innumerables los proyectos de solidaridad que Manos Unidas ha ido atendiendo en estos años. Es una tarea formidable. Son proyectos muy diversos, en todos los continentes, y todos ellos tratan de responder a realidades muy concretas. Todos ellos cambian la vida de las personas. Y esta es la clave: abrir horizontes de esperanza allí donde es más necesaria, gracias a la conciencia de fraternidad de todas las personas que podamos ayudar.</p>
<p>Declarar la guerra al hambre es apostar firmemente por la paz, por una paz duradera, justa y fraterna, la PAZ del Evangelio, la PAZ anunciada y querida por Dios. Es necesario ser conscientes de que estamos viviendo en un mundo muy violento. En este momento actual, hay 59 conflictos armados en nuestro planeta, la cifra más alta desde la segunda guerra mundial. Algunos, la mayor parte, son desconocidos, porque nadie habla de ellos.</p>
<p>Da la impresión de que no hemos aprendido nada. Por eso es necesario al trabajo de Manos Unidas, que apuesta por una paz integral. La paz no es solamente la ausencia de disparos o de bombas. La paz que necesitamos consiste en terminar con esa violencia silenciosa que nace de las estructuras de exclusión, de hambre, de ausencia de derechos económicos, sociales, culturales o ambientales. El desarrollo es el nuevo nombre de la paz, gritó el Papa Pablo VI hace más de cincuenta años. Ese grito sigue siendo necesario.</p>
<p>¿Recordáis la primera aparición del Papa León XIV en la plaza de San Pedro? Pidió una paz desarmada y desarmante. Este es el camino. Un mundo en paz es un mundo de justicia. “La justicia y la paz se besan”, dice el salmo 85.</p>
<p>Es verdad que el objetivo es grande, y puede parecernos inalcanzable: terminar con el hambre en el mundo. Pero nunca podemos desanimarnos ante esta lucha. El Señor Jesús anunció el Reino de Dios, y nos dijo que “está ya entre nosotros”. Ese Reino que esperamos y por el que trabajamos está en tantas semillas de Vida, de Paz y de Justicia que brotan entre nosotros. Esta es la convicción de la Iglesia, esta es la convicción de Manos Unidas, esta es nuestra fe.</p>
<p>Os invito a colaborar, en la medida de vuestras posibilidades, con esta campaña de Manos Unidas. Todos estamos invitados a participar en esta apasionante lucha por un mundo mejor.</p>
<p>Dios os bendiga y fortalezca.</p>
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		<title>Carta del padre Pedro: La pregunta por Dios</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-la-pregunta-por-dios</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Feb 2026 09:15:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Llevo muchos años como sacerdote (sólo unos meses como obispo), y puedo decir que una de las preguntas más apasionantes que me han hecho en estos años me la hizo un joven que estudiaba en una escuela católica llena de muchachos de diversas religiones y culturas. La pregunta era esta: ¿Cuándo comenzó usted a creer [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Llevo muchos años como sacerdote (sólo unos meses como obispo), y puedo decir que una de las preguntas más apasionantes que me han hecho en estos años me la hizo un joven que estudiaba en una escuela católica llena de muchachos de diversas religiones y culturas. La pregunta era esta:<em> ¿Cuándo comenzó usted a creer en Dios?</em> Como es lógico, le respondí desde mi propia historia de fe, pero también le pregunté la razón por la que me hacía esa pregunta. Y su respuesta fue -tal y como yo me esperaba- muy clara: porque estoy buscando mi fe.</p>
<p>Os cuento esta sencilla experiencia porque creo que es muy significativa para nosotros. Quizá a muchos de nosotros, que creemos en el Dios de Jesús desde niños y que en muchas ocasiones esta fe nos ha sido trasmitida desde el propio núcleo familiar, nos resulta complicado acompañar las búsquedas de los jóvenes que están abiertos a la fe o la buscan con afán, pero que no saben cómo encontrarla o cómo descubrirla.</p>
<p>Pienso que estamos ante un desafío extraordinario: testimoniar, suscitar, transmitir, acompañar y educar la fe del joven de nuestros días, que en muchas ocasiones y contextos es lejano a la fe sencillamente porque nunca la ha vivido. Pero buscan. Tenemos que asumir este reto: hay cada vez más personas que buscan la fe, pero no saben cómo hacerlo. Pero sienten que la necesitan. Por eso hacen preguntas difíciles como la que me hicieron a mí.</p>
<p>No os voy a escribir una carta sobre “el anuncio de la fe”, porque sería muy larga. Pero sí que quiero dejar caer alguna pequeña reflexión sobre este apasionante reto. ¿Por qué un joven se pregunta por una fe que nunca ha vivido pero que intuye que la necesita? Para mí, es claro que muchas de las cosas que ve en los cristianos le hacen preguntarse por la fe. Es cierto que hay cosas que no son buenas -nuestros pecados- pero hay muchas formidables y cuestionadoras.</p>
<p>Pero para que esto sea así, los jóvenes necesitan ver el “tesoro escondido” que está en el centro de nuestra Iglesia, de nuestras escuelas y parroquias, de nuestra vida y de nuestras razones para vivir. Siempre ha sido así, y siempre lo será. La fe se transmite a través de los signos que la expresan y de la credibilidad de las personas que la encarnan. Por algo decimos siempre -citando a San Francisco de Asís- que <em>“hay que predicar siempre, y si es necesario, con la palabra”</em>. ¿Qué debemos proponer al joven buscador?</p>
<p>Quisiera aportar sólo dos pequeñas claves que creo que son fundamentales. Sólo dos. Al joven que busca hemos de hacerle propuestas que hagan que se sienta, a la vez, escuchado y desafiado. Las dos dinámicas son imprescindibles. No basta sólo con “escuchar al joven”. Tenemos que ser capaces de ofrecerle algo que le supere, que le desafíe, que le ayude a comprender que ni él ni sus aspiraciones lo son todo. Escuchar para comprender, desafiar para inquietar y abrir el alma. Las dos a la vez. Una propuesta en la que quede muy claro a Quién proponemos y desde qué visión lo hacemos. Una propuesta en la que se note que el Evangelio está presente, inspirándola y enriqueciéndola. Una propuesta que genere itinerarios, que provoque deseos de fraternidad, que ayude a la pregunta vocacional. Una propuesta, en definitiva, capaz de suscitar la búsqueda de “algo más”.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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		<title>Carta del padre Pedro: Que todos sean uno</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-que-todos-sean-uno</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Jan 2026 16:04:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Entre los días 18 y 25 de enero celebramos la semana de oración por la unidad de los cristianos. Es una semana entera en la que en todas las comunidades cristianas somos invitados a orar al Señor, suplicándole el don de la unidad entre todas las confesiones que vivimos nuestra fe en Cristo Jesús, el [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Entre los días 18 y 25 de enero celebramos la semana de oración por la unidad de los cristianos. Es una semana entera en la que en todas las comunidades cristianas somos invitados a orar al Señor, suplicándole el don de la unidad entre todas las confesiones que vivimos nuestra fe en Cristo Jesús, el Hijo de Dios. El ecumenismo es, sin duda, un proceso apasionante. Consiste en la búsqueda honesta de la plena comunión entre todos los seguidores de Jesús. Es un proceso, sin duda, querido por el Espíritu Santo, el Espíritu de la comunión, que suscita unidad y nos ayuda a buscar lo central que nos une y a progresar en aquello que necesita ser trabajado y reflexionado.</p>
<p>Estamos conmemorando el 1.700 aniversario del Concilio Ecuménico de Nicea, que aprobó, en el año 325, el Credo que rezamos todos los domingos (el que llamamos popularmente el “credo largo”). El credo es la síntesis de nuestra fe, lo que realmente nos une. A lo largo de la historia hemos sufrido separaciones o cismas por razones diversas, que excederían las pretensiones de esta breve carta. Pero el credo no se discute. Desde ahí vamos caminando, poco a poco, buscando la ansiada unidad. A este anhelo dedicamos esta semana de oración por la unidad de los cristianos.</p>
<p>¿Por qué lo hacemos? Porque la oración cambia nuestro corazón. Quien ora por algo realmente valioso, se vuelve un buscador de aquello por lo que ora. Quien ora con autenticidad por las vocaciones, se vuelve un promotor de esas vocaciones. Quien ora por la paz, busca incesantemente como construirla y promoverla. Quien, como santa Mónica con Agustín, ora por su hijo, no cesa de buscar el modo de acompañarle y ayudarle en su vida y en sus búsquedas. Quien ora por la unidad, crece en respeto, en camino compartido, en fidelidad de fe, en actitudes de comunión. Estos son los frutos que podemos esperar de nuestra oración en esta importante semana de enero. Os animo a vivirla con interés y confianza. Os animo a orar.</p>
<p>Pienso que en nuestras diócesis de Huesca y de Jaca debemos impulsar decididamente el camino ecuménico. He tenido la alegría de conocer el trabajo del Grupo Ecuménico de Sabiñánigo, que me invitó a orar con ellos el lunes 19 de enero, al comienzo de la semana de oración por la unidad de los cristianos. Estuve presente con ellos, agradecido profundamente por su invitación.</p>
<p>No olvidemos nunca que el propio Jesús rezaba a su Padre por la unidad de todos sus hijos. Os comparto esa preciosa oración, hecha por nuestro Señor. Él nos enseñó a orar por la unidad. <em>“No ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”.</em> (Jn 17, 20-23). Jesús lo ve claro: la comunión nos hará creíbles. Oremos por la plena unidad de los cristianos.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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