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	<title>Diócesis de Huesca</title>
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	<description>Web de la diócesis de Huesca</description>
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	<title>Diócesis de Huesca</title>
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		<title>Carta del padre Pedro: Yo estaré con vosotros todos los días</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-yo-estare-con-vosotros-todos-los-dias</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 May 2026 19:12:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. Como decimos en el Credo, “subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre”. La ascensión del Señor es central en nuestra fe. El mismo Jesús que compartió nuestra vida y nuestra condición, que fue crucificado y resucitó abriendo para todos nosotros las puertas [&#8230;]]]></description>
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<p>Celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. Como decimos en el Credo, <em>“subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre”</em>. La ascensión del Señor es central en nuestra fe. El mismo Jesús que compartió nuestra vida y nuestra condición, que fue crucificado y resucitó abriendo para todos nosotros las puertas de la Vida, reina eternamente con el Padre y el Espíritu Santo. Esta es nuestra fe.</p>
<p>No es fácil describir con nuestras limitadas palabras algo tan profundo como la ascensión del Señor. Nos queda la imagen de un “ascenso físico a los cielos, unas semanas después de la resurrección”, provocada por la narración de Lucas en los Hechos de los Apóstoles. Lucas elige una narración simbólica para explicar la más profunda verdad de nuestra fe: Cristo ha resucitado y está en su plenitud en presencia del Padre y del Espíritu”. El “cielo” no es un lugar físico, sino la plenitud de Dios. Por eso, Jesús no le dice a María la Magdalena “subo al cielo”, sino “subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn 20, 17).</p>
<p>Jesús no se aleja de nosotros. Si así fuera, no diría san Lucas que los discípulos regresaron a Jerusalén rebosantes de alegría (Lc 24, 52). Todo lo contrario. Jesús está presente, como nuestro Dios y Señor, junto a nosotros, porque nuestra fe no está basada en un Dios lejano, sino en un Dios profundamente cercano y próximo a nuestra vida. Este es el sentido de la promesa del Señor que Mateo recoge al final de su Evangelio: <em>“Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos”.</em></p>
<p>Nos gusta, y nos ayuda, celebrar por separado las grandes verdades de nuestra fe: la resurrección del Señor, su ascensión al Padre y el envío del Espíritu Santo. Las tres reflejan el centro de nuestra fe: nosotros creemos en Cristo resucitado, presente en nuestra vida, que nos envía a la misión y que nos fortalece con el envío del Espíritu. Nunca estamos solos; Él camina con nosotros. Por eso las tres explicitan la Pascua, el tiempo pascual que estamos viviendo.</p>
<p>Hay tres aspectos que es bueno que recordemos en este día. Los tres sintetizan muy bien la vida cristiana que somos llamados a vivir y nos ayudan a celebrar la solemnidad de este día: Jesús nos envía, Jesús nos acompaña, y la señal de su presencia es la alegría y la pasión con la que vivimos nuestra fe.</p>
<p>Son tres aspectos que podemos y debemos cuidar en nuestra vida cotidiana. Sabernos enviados nos compromete y nos orienta: tenemos una misión. Sabernos acompañados no sólo nos consuela, sino que nos fortalece. La fe no impide nuestras dificultades, pero nos fortalece para saber vivirlas. Finalmente, vivir alegres, vivir con plenitud, no sólo nos hace creíbles, sino que nos permite mantener siempre la fidelidad a los dones que hemos recibido. Esta es nuestra fe, esta es la fe que celebramos especialmente en este día de la Ascensión.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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			</item>
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		<title>Carta del padre Pedro: Bienvenido, Santo Padre</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-bienvenido-santo-padre</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 18:37:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Como sabéis, sólo falta un mes para que el Papa León XIV esté entre nosotros, en España. Es cierto que “sólo” estará presente en cinco diócesis (Madrid, San Feliú de Llobregat, Barcelona, Canarias y San Cristóbal de la Laguna), pero todos sentimos y vivimos su presencia. Y la agradecemos profundamente. Os escribo esta carta porque [&#8230;]]]></description>
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<p>Como sabéis, sólo falta un mes para que el Papa León XIV esté entre nosotros, en España. Es cierto que “sólo” estará presente en cinco diócesis (Madrid, San Feliú de Llobregat, Barcelona, Canarias y San Cristóbal de la Laguna), pero todos sentimos y vivimos su presencia. Y la agradecemos profundamente.</p>
<p>Os escribo esta carta porque quiero invitaros a preparar bien la visita del Santo Padre. Viene a nosotros para conocernos de cerca y para fortalecernos en nuestra fe. Viene para anunciar el Evangelio y los valores del Reino de Dios. Viene para ofrecernos su mensaje de fraternidad, de esperanza, de confianza en la vida. Viene para hablarnos de Dios y para animarnos en nuestro camino de fe. Viene para bendecirnos y sostenernos, y eso es algo que todos necesitamos.</p>
<p>¿Y cómo podemos prepararnos para recibir al Papa? Os propongo tres caminos sencillos que podemos recorrer en estas semanas, tanto en el nivel personal como en el familiar y comunitario, en nuestras parroquias.</p>
<p>En primer lugar, orando por los frutos de la visita del Papa. Cuando uno ora, lo que hace es abrir su corazón en la dirección de aquello por lo que ora. Orar por la paz nos hace más sensibles a la construcción de la paz, y orar por los pobres nos ayuda a tener un corazón más generoso y solidario. Por eso, orar por los frutos de la visita del Papa nos ayuda a estar más atentos a lo que el Papa nos diga y nos proponga, de modo que nosotros mismos seamos parte de los frutos de la visita.</p>
<p>En segundo lugar, otra cosa que nos va a ayudar es estar atentos a las claves que el Papa está proponiendo a la Iglesia en este primer año de pontificado. Sabéis que el Papa fue elegido el 8 de mayo de 2025, y justo ahora se cumple su primer año. Ha sido un año intenso, en el que el Papa nos ha dejado claras bastantes de sus prioridades. Sólo cito algunas, para que las podamos pensar: su deseo de una Iglesia tan unida como misionera; su esfuerzo clarividente por la paz en el mundo, hablando en todo momento a favor de una paz desarmada y desarmante; su apuesta firme por la sinodalidad como camino eclesial; su compromiso por los pobres y necesitados, consolidado en su primera exhortación apostólica “Dilexi te” sobre la que pudimos reflexionar en profundidad en nuestras diócesis; su talante sencillo y humilde, que nos habla de un pastor atento y cercano, etc. Es bueno que tratemos de comprender lo que el Papa propone, para poder sintonizar con él.</p>
<p>En tercer lugar, os propongo que estemos muy atentos a todos lo que estamos ya viviendo en relación con la visita. Por ejemplo, es bueno consultar la web “conelpapa.es” en la que se irá publicando mucho material relacionado con la visita. Otra cosa que nos va a ayudar es conocer y pensar el lema de la visita “Alzad la mirada”. Como sabéis, es un lema inspirado en el texto evangélico de Jesús y la samaritana (Jn 4, 35), y da título al himno de la visita, que nos habla de Dios, de esperanza, de vida. Os deseo viváis con honda alegría la visita del Papa León XIV.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Carta del padre Pedro: El diaconado permanente</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-el-diaconado-permanente</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 May 2026 18:56:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Como sabéis, recientemente hemos instaurado el Diaconado permanente en las diócesis de Huesca y de Jaca. Es un ministerio eclesial importante, que contribuirá decisivamente, así lo espero, a la revitalización de nuestra acción pastoral. Este quinto domingo de Pascua escuchamos la narración de uno de los momentos más interesantes del camino recorrido por la comunidad [&#8230;]]]></description>
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<p>Como sabéis, recientemente hemos instaurado el Diaconado permanente en las diócesis de Huesca y de Jaca. Es un ministerio eclesial importante, que contribuirá decisivamente, así lo espero, a la revitalización de nuestra acción pastoral.</p>
<p>Este quinto domingo de Pascua escuchamos la narración de uno de los momentos más interesantes del camino recorrido por la comunidad cristiana en sus primeros años. Los apóstoles se hacen conscientes de que la misión de la comunidad, la atención de los diversos retos y desafíos que tienen planteados, no puede ser solamente tarea de ellos. Por eso eligen a siete personas e, imponiéndoles las manos, los constituyen diáconos al servicio de la comunidad. Es un paso formidable, que nos ayuda a comprender que la Iglesia siempre ha estado abierta a organizarse del modo que más convenga a su objetivo, que no es otro que el anuncio del Evangelio y la construcción del Reino de Dios.</p>
<p>Creo que el paso que hemos dado, que debe ir seguido de unos cuantos más, nos ayudará a ser una Iglesia más ministerial, más corresponsable y dispuesta para poder dar respuestas nuevas a situaciones nuevas. Os diré algunas cosas de este ministerio que acabamos de instaurar.</p>
<p>El diaconado es un ministerio ordenado. La mirada es profundamente ministerial, en respuesta a los retos y desafíos de la Iglesia. De un modo especial, el diaconado se orienta en tres dimensiones: la Palabra, la Liturgia y la Caridad.</p>
<p>El diaconado no es una opción de sustitución del presbítero, a causa del escaso número de sacerdotes. El diaconado es un ministerio en sí mismo, no una opción de suplencia. Nuestras diócesis apuestan por el diaconado permanente del mismo modo que optan por una pastoral vocacional hacia el ministerio sacerdotal o por una seria, clara y consistente promoción de los ministerios encomendados a las personas laicas.</p>
<p>La instauración del diaconado permanente se inscribe en el contexto del proceso sinodal que estamos viviendo en nuestra diócesis. Trabajamos por una Iglesia sinodal y misionera, en la que los diversos agentes pastorales puedan trabajar en equipo, al servicio de las Unidades Pastorales a las que sean asignados.</p>
<p>Los nuevos diáconos se integrarán en los Equipos de Pastoral de las diversas Unidades Pastorales, y desde ellos, impulsarán diversos aspectos importantes de nuestra acción pastoral. Igualmente, colaborarán con las diversas Delegaciones diocesanas.</p>
<p>Sabéis que el diaconado, por el momento, se encomienda a los varones. El diaconado no se orienta hacia el sacerdocio, sino hacia el ministerio. Las comisiones y grupos que estudian la posibilidad del diaconado femenino están diciendo que es un asunto que se debe seguir trabajando para poder verlo con mayor claridad y comunión. Este será, sin duda, uno de los temas más interesantes en los que seguir profundizando, con el fin de avanzar hacia una Iglesia más corresponsable y capaz de vida y misión.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Carta del padre Pedro: El Buen Pastor</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-el-buen-pastor</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Apr 2026 07:58:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[El cuarto domingo de Pascua es el domingo del Buen Pastor. En la celebración de la Eucaristía escuchamos el precioso pasaje evangélico en el que Jesús nos dice “Yo soy el Buen Pastor”. Él es un pastor que conoce a sus ovejas, que las llama por su nombre, que las defiende de los peligros, que [&#8230;]]]></description>
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<a href='https://diocesisdehuesca.org/wp-content/uploads/2026/04/carta_obispo_2026_04_26.mp3'>carta_obispo_2026_04_26</a>

<p>El cuarto domingo de Pascua es el domingo del Buen Pastor. En la celebración de la Eucaristía escuchamos el precioso pasaje evangélico en el que Jesús nos dice “Yo soy el Buen Pastor”. Él es un pastor que conoce a sus ovejas, que las llama por su nombre, que las defiende de los peligros, que las lleva a nuevos pastos, desconocidos para ellas; no las deja siempre en el mismo lugar, sino que las desinstala y las acompaña en el camino.</p>
<p>Cuando el Papa Francisco me nombró obispo de Huesca y de Jaca, la comunidad en la que yo vivía en Roma me regaló una estatua del Buen Pastor, que lleva sobre sus hombros una oveja que estaba perdida. Tengo esa estatua en la capilla de mi casa, y todos los días la miro y le pido a Dios que me ayude a ser buen pastor en las comunidades a las que me envía.</p>
<p>Pero a mí me gustaría pediros que leyéramos esta parábola del Buen Pastor desde la perspectiva del rebaño, no sólo desde el punto de vista del pastor que necesitamos. El Papa Francisco solía decir que quería “pastores con olor a oveja”. Esa fue una frase que causó mucho impacto en la Iglesia, entre los sacerdotes, en el seno de las comunidades cristianas. Es un reto formidable, y no lo podemos perder de vista.</p>
<p>Pero yo quisiera decir algo complementario: <em>necesitamos ovejas con olor a pastor, con olor al Buen Pastor.</em> Necesitamos cristianos, comunidades, catequistas, sacerdotes, instituciones diocesanas, con “olor al Buen Pastor”, con “olor a Cristo”. Es el gran reto de la Iglesia hoy, y lo es de nuestras diócesis: ser una diócesis con olor a Cristo.</p>
<p>Hay muchas cosas que podemos hacer en nuestras diócesis para “oler más al Pastor”, para estar más identificados con el Señor. Me gustaría proponer tres caminos.</p>
<p>Ofrecer a las personas laicas que forman parte de nuestras comunidades la posibilidad de cualificar su corresponsabilidad eclesial con formación, vinculación y compromiso real, caminando con ellos. Sólo así seremos una Iglesia verdaderamente sinodal. Y en esa dinámica, impulsar los diversos ministerios eclesiales que podemos y debemos engendrar. Una Iglesia crecientemente ministerial es una Iglesia más servidora y más cercana a los deseos del Pastor.</p>
<p>Acompañar, desde una presencia sencilla, a tantas personas y comunidades que a veces se sienten solas o aisladas. La presencia eclesial no es sólo una presencia del sacerdote. Es, y debe ser, una presencia de la Iglesia. Tenemos que ir cambiando de paradigma, e impulsar “equipos de misión” que hagan presencia en nuestros pueblos y en nuestros espacios eclesiales. Es otro el momento en el que vivimos. Entendámoslo.</p>
<p>El tercero, una palabra sobre los jóvenes, el presente y el futuro de nuestras comunidades. Tenemos que creer en ellos y estar con ellos. Os comparto una de las muchas lecciones que a lo largo de mi vida he recibido de los jóvenes. Esto es lo que me dijo uno de ellos:<em> “Lo que nosotros necesitamos de ustedes no es sólo que nos escuchen o que nos ayuden con su acompañamiento, sus reflexiones y consejos. Lo que de verdad necesitamos es ver en ustedes que, a cualquier edad, se puede seguir entusiasmado con el encuentro con Jesús y con la vocación que, de jóvenes, recibieron de Él. Lo demás, ya lo conseguiremos por nuestros medios; podemos hacerlo”.</em> Este joven dio en el clavo.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Carta del padre Pedro: Camino de Emaús</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-camino-de-emaus</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Apr 2026 08:16:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Este tercer domingo de Pascua nos encontramos con dos discípulos que van caminando a una aldea llamada Emaús. Y mientras van por el camino, Jesús se pone a caminar con ellos y ellos le van “poniendo al día” de todo lo que ha ocurrido en Jerusalén con el Maestro de Nazaret. Al final del día [&#8230;]]]></description>
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<p>Este tercer domingo de Pascua nos encontramos con dos discípulos que van caminando a una aldea llamada Emaús. Y mientras van por el camino, Jesús se pone a caminar con ellos y ellos le van “poniendo al día” de todo lo que ha ocurrido en Jerusalén con el Maestro de Nazaret. Al final del día le piden que se quede con ellos en la casa, y ahí le reconocen, al partir el pan.</p>
<p>Este pasaje es una preciosa catequesis sobre la vida cristiana. Es bueno que lo pensemos un poco y que tratemos de buscar alguna luz para nuestro caminar. Voy a tratar de ayudaros en ello con algunas sencillas aportaciones.</p>
<p>Los caminantes le dicen que “nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel”. Ellos esperaban algo distinto de lo que Jesús había venido a traer. Jesús ofreció la salvación plena de todos los hombres, y ellos esperaban sólo algo concreto, la libertad de su pueblo. Esto a veces lo tenemos que pensar: qué es lo que esperamos de Dios, en qué tenemos nuestra esperanza, qué es lo que ponemos en las manos de Dios. La esperanza cristiana consiste, esencialmente, en confiar en que las promesas de Dios se cumplirán, creer que el viaje de nuestra vida tiene un sentido y un horizonte.</p>
<p>Un segundo detalle es que ellos le reconocen “al partir el pan”. Es una referencia clara a la Eucaristía. Desde el comienzo de la Iglesia, la comunidad ha celebrado la Eucaristía como “memoria de Jesús”. En la Eucaristía nos centramos en Él, estamos en su presencia, comulgamos su cuerpo y nos identificamos con Él. Valorar la Eucaristía de cada día y de cada domingo como lo que es, nuestro tesoro, es algo que no podemos descuidar. Agradezco a nuestros sacerdotes el esfuerzo que hacen para que nuestras parroquias puedan celebrar y vivir la Eucaristía.</p>
<p>Y un tercer detalle (hay muchos, pero me quedo en tres) es que los dos discípulos, después de encontrarse con Jesús, desandan el camino y regresan a Jerusalén para anunciar a los apóstoles que se habían encontrado con Jesús. Cambian sus planes, porque lo que han experimentado es mucho más grande y valioso que lo que ellos iban a hacer a la aldea de Emaús. Esto no es un detalle menor. La experiencia de la Pascua les cambia completamente la vida. Gracias a su testimonio, a su decisión, a su fe apasionada, nosotros estamos hoy aquí. Somos herederos agradecidos de estos primeros discípulos. Somos hijos de estos testigos. Nos toca seguir siendo testigos para quienes vengan detrás. Por eso quiero agradecer a los catequistas, a los padres y abuelos, a los diversos agentes de pastoral, su precioso trabajo evangelizador. Seguimos construyendo Iglesia. Nunca olvidéis que la Iglesia es, esencialmente, un instrumento al servicio del anuncio del Reino de Dios y su Justicia, al servicio del anuncio de Cristo.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Carta del padre Pedro: De las espadas forjarán arados</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-de-las-espadas-forjaran-arados</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Apr 2026 07:24:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[“De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. No alzará su espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra” (Is 2, 2-5). Esta es la profecía de Isaías que escuchamos todos los años en el tiempo de Navidad; este es el anuncio de PAZ que la Iglesia proclama con esperanza y convicción. [&#8230;]]]></description>
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<a href='https://diocesisdehuesca.org/wp-content/uploads/2026/04/carta_obispo_2026_04_15.mp3'>carta_obispo_2026_04_15</a>

<p><em>“De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. No alzará su espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra”</em> (Is 2, 2-5). Esta es la profecía de Isaías que escuchamos todos los años en el tiempo de Navidad; este es el anuncio de PAZ que la Iglesia proclama con esperanza y convicción.</p>
<p>Escribo esta carta fraterna porque en estos días hemos asistido a una serie de graves insultos y falsas acusaciones de un alto dirigente mundial contra el Papa León XIV, a causa de la clara postura del Papa condenando las guerras y proclamando el mensaje de la paz. Lo que ha hecho el Papa es anunciar el Evangelio y defender la necesidad de la paz.</p>
<p>No se puede poner en labios de un Papa que empezó su ministerio anunciando una paz <em>“desarmada y desarmante”</em> ideas u opiniones que nunca ha dicho. La manipulación de la verdad es una de las causas que explican el mundo que tenemos y vivimos. Debemos anunciar siempre la verdad. Y los cristianos debemos proclamar la nuestra, sostenidos por el mensaje de Jesús: <em>“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”</em>.</p>
<p>Es bueno tener presentes las palabras del Papa: “¡Nunca más la guerra!” <em>«Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero, basta ya de la exhibición de la fuerza, basta ya de la guerra. La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida».</em></p>
<p>La paz no es simplemente un “alto el fuego”. La paz no es sólo la ausencia de bombas o de disparos. La paz no es sólo la ausencia de violencia. La paz que buscamos los cristianos, la paz que suplicamos, la paz que tratamos de construir, no es simplemente el fruto de un frágil intercambio negociador o la victoria de una posición de fuerza que impone un cese de la lucha. La paz que buscamos no es la propia de un sistema que impide la libertad o que confunde paz con silencio amedrentado. La paz que anhelamos no es el fruto de la lucha, sino de la humanidad.</p>
<p>Los cristianos saludamos con esperanza todos los pasos, por pequeños que sean, que se dan para avanzar hacia la paz. Aunque sean frágiles, los saludamos. Pero nuestra paz, la paz por la que hoy oramos, es aquella que procede de nuestra fe, que es propuesta por Jesucristo y que está en el núcleo de su propuesta, el Reino de Dios.</p>
<p>Cristo llamó bienaventurados a los constructores de la paz, y dio la razón, una razón extraordinaria. Bienaventurados los constructores de la paz, porque ellos serán llamados HIJOS DE DIOS. El esfuerzo por la paz es lo propio de los hijos de Dios, porque al serlo, somos hermanos. Los hermanos lo somos porque tenemos un Padre común. Esta es la clave de la paz por la que hoy oramos.</p>
<p>La paz que anhelamos está sostenida y creada por la justicia, la verdad, la misericordia, el amor a los desfavorecidos, el perdón, el cambio del corazón, la fraternidad, el trabajo cotidiano por un mundo mejor. Esta es la paz que nos anuncia el resucitado:<em> “la paz esté con vosotros; Yo no os la doy como la da el mundo”</em>, dice el Señor.</p>
<p>Agradezcamos al Papa León XIV su claridad y su profecía. De él podemos decir lo que anuncia el profeta Isaías y escuchamos en la Eucaristía del día de Navidad:<em> “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz”!</em> (Is 52,7). Oremos para tratar de descubrir esa paz que el Señor inspira y propone. Oremos para trabajar por ella. Oremos para que cambie nuestro corazón, y vivamos como hijos de Dios.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Carta del padre Pedro: Señor mío y Dios mío</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-senor-mio-y-dios-mio</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Apr 2026 09:25:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Este domingo leemos en el Evangelio dos de los encuentros de Jesús resucitado con sus discípulos. En uno de ellos estaba ausente Tomás. Es bonito contemplar lo que sucede en los encuentros, porque nos puede ayudar a entender lo que significa la experiencia pascual. Como sabéis, la Pascua es, esencialmente, el encuentro con Cristo resucitado, [&#8230;]]]></description>
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<a href='https://diocesisdehuesca.org/wp-content/uploads/2026/04/carta_obispo_2026_04_12-mejorada-v2.mp3'>carta_obispo_2026_04_12-mejorada-v2</a>

<p>Este domingo leemos en el Evangelio dos de los encuentros de Jesús resucitado con sus discípulos. En uno de ellos estaba ausente Tomás. Es bonito contemplar lo que sucede en los encuentros, porque nos puede ayudar a entender lo que significa la experiencia pascual. Como sabéis, la Pascua es, esencialmente, el encuentro con Cristo resucitado, un encuentro plenamente transformador.</p>
<p>Es bueno fijarse en los detalles. Unos discípulos llenos de miedo, con las puertas cerradas. Pero Jesús entra y se pone en medio de ellos. Jesús en el centro: esto es la Iglesia. Un deseo de paz; una enorme alegría, que sustituye al miedo y les cambia la vida. Y un regalo: el Espíritu Santo, para que puedan llevar adelante su misión. Es una narración preciosa.</p>
<p>Pero Tomás no estaba presente. Y cuando se lo cuentan, no lo cree. No lo puede entender, porque no ha vivido esa experiencia. Pero Jesús le tiene paciencia, y vuelve a encontrarse con los discípulos, asegurándose de que Tomás estuviera presente. Y Tomás exclama con profunda fe: <em>“Señor mío y Dios mío”</em>. Es una oración que normalmente hacemos en silencio en el momento de la consagración, cuando el sacerdote alza el cuerpo y la sangre del Señor, para que la podamos venerar. Es muy bonito hacer esta breve oración en ese momento, reconociendo que Jesús es nuestro Señor y nuestro Dios.</p>
<p>Tomás se parece mucho a nosotros. Por eso, Jesús le dice algo pensando en nosotros: <em>“dichosos los que creen sin haber visto”</em>. Nosotros creemos en Jesús gracias al testimonio de los creyentes y a la luz del Espíritu Santo. Estas son las claves de nuestra fe. No creemos simplemente “por herencia” o “por tradición”. Creemos porque hemos recibido un testimonio auténtico de fe, y porque Dios nos da el Espíritu Santo. Por eso, elegimos creer. Y, por eso, debemos tratar de vivir en coherencia con ese don y esa decisión. Porque nuestra fe es, a la vez, regalo y opción. Por eso nos cambia y nos exige; por eso nos transforma.</p>
<p>El texto termina de una manera muy significativa, explicando el objetivo del Evangelio: está escrito para que creamos en Cristo y para que, creyendo, tengamos vida en su nombre. El Evangelio es Buena Noticia para que vivamos de modo nuevo.</p>
<p>Desde hace unos años, la Iglesia celebra este domingo el día de la Divina Misericordia. Aprovechemos esta fecha para agradecer a Dios su amor, su afán de perdonar, su misericordia para con todos nosotros. Y reafirmamos nuestra convicción de que el cristiano, si lo es, trata de ser misericordioso. ¿Os acordáis de las obras de misericordia? Os refresco la lista, según nuestra tradición: siete corporales y siete espirituales. Es bueno pensarlas y tratar de vivirlas: visitar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, visitar a los presos, enterrar a los difuntos, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar al que nos ofende, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rezar a Dios por los vivos y por los difuntos. Ojalá las podamos vivir.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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		<title>Carta del padre Pedro: ¡Feliz Pascua de Resurrección!</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-feliz-pascua-de-resurreccion</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2026 08:37:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[Estamos en Pascua, el centro de nuestra fe: Cristo ha resucitado, y nuestro corazón rebosa de alegría, porque nuestras preguntas encuentran respuestas y nuestra vida se renueva. La experiencia de la Pascua es, esencialmente, un encuentro transformador con Cristo, el Señor, que nos invita a vivir de modo nuevo. Dice el Evangelio que, al amanecer [&#8230;]]]></description>
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<p>Estamos en Pascua, el centro de nuestra fe: Cristo ha resucitado, y nuestro corazón rebosa de alegría, porque nuestras preguntas encuentran respuestas y nuestra vida se renueva. La experiencia de la Pascua es, esencialmente, un encuentro transformador con Cristo, el Señor, que nos invita a vivir de modo nuevo.</p>
<p>Dice el Evangelio que, al amanecer del primer día de la semana, con las primeras luces, María Magdalena fue al sepulcro. Esta es la experiencia que hoy recordamos. María, apóstol de los apóstoles, es la primera en encontrase con Jesús resucitado. Imaginaos la experiencia que eso supone: encontrase con el Señor y escuchar que te llame por tu nombre y que y te dé un mensaje: <em>¡vayan a Galilea, allí me verán!</em> El mensaje de Jesús es muy sugerente, y sobre él quiero escribir esta carta: Jesús le dice a María Magdalena que les diga a sus discípulos que vayan a Galilea, que allí le verán.</p>
<p>¿Qué es ir a Galilea? Es importante responder a esta pregunta. Galilea es donde todo comenzó, donde los discípulos vivieron experiencias formidables. El mensaje de Jesús es muy fuerte. Lo que les dice es <em>“Vivid todo lo que yo he vivido con vosotros”.</em></p>
<p>Galilea es llamada vocacional, mensajes consoladores, propuestas fuertes, parábolas sugerentes, diálogos profundos, camino recorrido con el Señor, vida de comunidad, amor a los pobres, curaciones, ser curados, escucha atenta, aprender a orar, encontrarse con Él. Galilea es vivir con Cristo. Día a Día. Con ÉL. Este es el mensaje de la resurrección.</p>
<p>¿Qué significa para nosotros <em>“ir a Galilea”</em>? Significa vivir como resucitados, vivir desde una experiencia serena, y a la vez sencilla y profunda, de encuentro con Jesús. En el fondo, el reto de la Pascua es tratar de vivir en cristiano, día a día, en todos los aspectos de mi vida: en la familia, en la parroquia, en el trabajo, en mi vocación, en mi voluntariado, en mis dificultades y decepciones, en mis alegrías. Vivir al modo de Jesús.</p>
<p>Aquellos discípulos ya no volvieron a ser los mismos después de la experiencia pascual, después de encontrarse con Jesús. Ellos comprenden que Dios ha resucitado a Jesús. El rechazado por todos ha sido acogido por Dios. El despreciado ha sido glorificado. Ahora sabemos cómo es Dios. Un día Él <em>“enjugará todas nuestras lágrimas, y no habrá ya muerte, no habrá gritos ni fatigas. Todo eso habrá pasado”</em>. Esta es nuestra fe.</p>
<p>En la Eucaristía de estos días de Pascua rezaremos un prefacio precioso. Dice así:<em> “Por Él, los hijos de la luz nacen a la Vida eterna, y se abren para los creyentes las puertas del reino de los cielos, porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida, y en su Resurrección todos hemos resucitado a la Vida”.</em></p>
<p>Disfrutad profundamente de este Tiempo de Pascua que inauguramos este domingo. Compartid vuestra alegría, celebrad vuestra fe, tratad de vivir buscándole a Él. Este es mi deseo para vosotros: ¡Feliz Pascua!</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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		<title>Carta del padre Pedro: Domingo de Ramos</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/domingo-de-ramos</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Mar 2026 10:08:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. Estos días nos sitúan de lleno ante el centro de nuestra fe cristiana, pero también nos ayudan a encontramos con nuestra historia, nuestra cultura y nuestras tradiciones. En la Semana Santa conviven una honda experiencia de fe con una preciosa expresión de arte, de [&#8230;]]]></description>
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<p>El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. Estos días nos sitúan de lleno ante el centro de nuestra fe cristiana, pero también nos ayudan a encontramos con nuestra historia, nuestra cultura y nuestras tradiciones. En la Semana Santa conviven una honda experiencia de fe con una preciosa expresión de arte, de símbolos, de imágenes y de experiencias compartidas.</p>
<p>Siempre hay un componente de sorpresa y de admiración en estos días: ¿cómo es posible creer en un Dios crucificado por los hombres? ¿Cómo es posible vivir y creer desde una religión que procede de una experiencia tan increíble como la que recordamos en estos días? Esta es, precisamente, la grandeza de la Semana Santa que nos disponemos a vivir en nuestra diócesis:<em> “tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”</em> (Jn 3, 16).</p>
<p>Esto es lo que celebramos en estos días santos. Nos reunimos con profunda alegría para conmemorar los Misterios que nos dieron nueva Vida. Celebramos nuestra fe, que transforma de modo definitivo nuestra existencia y la de todos los seres humanos.</p>
<p>El Jueves Santo <em>celebramos</em> con serena alegría la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial, así como el día en el que el Señor, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo. Ese Amor es la fuente del amor fraterno que somos llamados a vivir.</p>
<p>El Viernes Santo <em>contemplamos</em>, con profundo sentimiento, la pasión y muerte del Señor. La cruz es para nosotros una señal de bendición porque antes fue, para Jesús, el lugar de su entrega generosa para nuestra salvación: sus heridas nos han curado.</p>
<p>Y en la Vigilia Pascual y el Domingo de resurrección, que se prolonga a lo largo del tiempo pascual, recibimos el mejor regalo: Cristo vive y te quiere vivo. Y somos enviados a<em> testimoniar</em> a Cristo en todos los ambientes en los que nos movemos</p>
<p><em>Celebrar, contemplar y testimoniar</em> son tres verbos que sintetizan lo que vamos a vivir y lo que somos invitados a compartir y a transmitir en estos días.</p>
<p>Os deseo que estos días os ayuden a encontraros con el profundo deseo de Dios que anida en vuestro corazón. Os envío a todos mi felicitación en estos días de Pascua, deseándoos que podáis vivir y celebrar con profunda serenidad y alegría el Amor de Cristo. Dios os conceda el precioso don de renovar vuestro deseo de seguir a Jesús.</p>
<p>Nunca olvidéis las palabras con la que Jesús se presenta, resucitado, ante los suyos: “La paz esté con vosotros”. Esa paz, serena y profunda, que procede de la transformadora experiencia del encuentro con Cristo, el Señor.</p>
<p>Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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		<title>Carta del padre Pedro: Yo soy la Resurrección y la Vida</title>
		<link>https://diocesisdehuesca.org/carta-del-padre-pedro-yo-soy-la-resurreccion-y-la-vida</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 15:42:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cartas del padre Pedro]]></category>
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					<description><![CDATA[El quinto domingo de Cuaresma nos regala la maravillosa narración de la resurrección de Lázaro, el amigo de Jesús, el hermano de Marta y María, por quien Jesús lloró al saber que había fallecido. La narración es preciosa, y tiene la magia de que nos ayuda a identificarnos con todo lo que sucede. Es una [&#8230;]]]></description>
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<p>El quinto domingo de Cuaresma nos regala la maravillosa narración de la resurrección de Lázaro, el amigo de Jesús, el hermano de Marta y María, por quien Jesús lloró al saber que había fallecido.</p>
<p>La narración es preciosa, y tiene la magia de que nos ayuda a identificarnos con todo lo que sucede. Es una historia nuestra, conocida por todos nosotros, experimentada en algún momento de nuestra vida. El dolor por la muerte de un ser querido, las preguntas ante la muerte, la necesidad de consuelo, la esperanza en la vida, la pregunta por el “por qué”. Todo es nuestro, y Jesús lo comparte todo, incluso las lágrimas.</p>
<p>Pero, siendo una historia profundamente nuestra, es mucho más. No es sólo la narración de un hecho extraordinario, de un milagro de Jesús en el que el Señor devuelve la vida a alguien que había muerto. No. Es una narración que nos acerca a las preguntas fundamentales del ser humano, a lo más profundo de nuestra humanidad. Somos seres que deseamos vivir, que buscamos vida, que anhelamos plenitud.</p>
<p>Jesús nos dice que Él es la Resurrección y la Vida. Vivimos una sociedad que ignora la muerte y trata de anestesiar esas preguntas. Les tenemos miedo. La Iglesia necesita hablar más de la vida eterna, hablar más de la puerta que fue abierta por Dios con la resurrección de Jesús. Necesitamos perder el miedo a la vida eterna.</p>
<p>Esa Vida es una maravillosa noticia. Es bueno que lo pensemos. En esa vida eterna, en la que creemos y esperamos, podremos encontramos cara a cara con Jesús, preguntarle tantas cosas que guardamos en nuestro corazón, compartir esa plenitud con testigos formidables del Evangelio que viven ya la santidad de la presencia de Dios, encontrarnos con nuestros seres queridos que nos han precedido en esa peregrinación. Esa es la plenitud que nos ha sido prometida por Jesús, y en ella creemos cuando recitamos el Credo cada domingo, cuando decimos al final, precisamente antes del AMÉN, “creo en la vida eterna”. Ese “amén” es un detalle precioso para nuestra fe, y significa dos cosas; “así sea” y “así es”. Es, a la vez, promesa y deseo. Promesa de Dios y deseo profundo de nuestro corazón. Esta es nuestra fe.</p>
<p>Nos acercamos a la celebración de los Misterios que nos dieron nueva Vida. El domingo próximo es ya Domingo de Ramos, el domingo en el que contemplamos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y la narración de su pasión y muerte. Vivamos esta Semana Santa con serenidad, con confianza y agradecimiento. Es cierto que para muchos puede ser una semana de descanso o de vacación, y tampoco eso es malo. Pero busquemos que sea una semana de encuentro con Cristo, de encuentro transformador con Aquél que nos dijo “yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre si no es por mí”.</p>
<p>Siempre me hizo pensar mucho la última homilía del Papa Francisco, que no pudo leer personalmente, pero quedó escrita: <em>“Cristo resucitado abre nuestra vida a la esperanza. Él está vivo, Él renueva nuestra vida”.</em></p>
<p>Os deseo un buen camino cuaresmal. Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.</p>
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