El Obispo
El Obispo

Don Julián Ruiz Martorell

+ Nacido en Cuenca el 19 de enero de 1957
+ Fue ordenado sacerdote el 24 de octubre de 1981
+ Es obispo de Huesca desde el 5 de marzo de 2011 y de Jaca desde el día siguiente

Biografía

Encargos pastorales desempeñados:

1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur;
1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura;
1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas “Battistine”;
1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Nuestra Señora del Pilar”;
1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar;
1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón;
1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia “San Agustín”;
2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar.
Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Nuestra Señora del Pilar” (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia “San Agustín” (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica “Nuestra Señora del Pilar” de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009).

Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.

Durante los años 1983-1988, en Roma obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana y la Licenciatura en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico.

Además de español, habla italiano, inglés y francés. Conoce bien latín, griego, hebreo y arameo. Lee alemán.

Escudo Episcopal

Aparece en la zona inferior la Sagrada Escritura, de donde surge toda la vida cristiana. Rezamos con el salmo: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 119[118],105). “La palabra de Dios es viva y eficaz” (Hb 4,12). La palabra no vuelve a Dios vacía: “Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo” (Is 55,10-11). Pedro dice a Jesús: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).

En la parte superior hay dos secciones, la de la izquierda, con la representación de la Eucaristía, que es “fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia” (XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos). El Papa Benedicto XVI comienza la Exhortación Apostólica “Sacramentum caritatis” con estas palabras: “Sacramento de la caridad, la Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor “más grande”, aquel que impulsa a “dar la vida por los propios amigos” (cf. Jn 15,13)” (nº 1).

La sección de la derecha representa el Pilar, la columna de la fe, expresión de la devoción a la Madre del Señor. Escribe Benedicto XVI en el nº 49 de la Encíclica “Spe salvi”: “La vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su “sí” abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo…” .

Detrás aparece el báculo, signo del ministerio pastoral, cayado, punto de apoyo. “Tu vara y tu cayado me sosiegan” (Sal 23 [22],4).

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