In Cartas del padre Pedro

Ha terminado el Año Jubilar convocado por nuestro recordado Papa Francisco con el lema “Peregrinos de Esperanza”. Ha sido un año precioso, lleno de experiencias de fe, de alegría, de fraternidad. Un año pleno de la presencia de Dios. Lo hemos podido vivir con ánimo y lo hemos podido disfrutar.

En Huesca y en Jaca clausuramos el año jubilar el domingo 28 de diciembre y el Papa León XIV lo clausuró en la basílica de San Pedro en la celebración de la solemnidad de la Epifanía del Señor, el 6 de enero. Pero quiero compartir con vosotros algo importante: terminó el año jubilar, pero no ha terminado el reto profundo propuesto por el Papa: ser peregrinos y peregrinas de Esperanza. Esta es nuestra misión, esta es nuestra tarea. Os animo a ello.

Me gustaría dejaros tres pequeñas pistas que nos pueden ayudar a continuar siendo peregrinos de esperanza:

La primera, cuidad vuestra oración. La oración, esencialmente, es un acto de esperanza. La persona que reza entiende lo que significa confiar en Dios. No viváis un día sin acercaros a Dios. Ojalá lo hagáis en familia; descubriréis cómo vuestra familia se fortalece desde las claves de la Familia de Jesús: el amor y la confianza. Orad. La oración transforma tu corazón; quizá este sea el principal fruto que se nos concede al orar. Lo transforma porque lo convierte en necesitado y lo hace más grande, más acogedor.

La segunda, haced un regalo al niño Dios. Cuando Jesús nació, unos magos de Oriente le llevaron unos regalos: oro, incienso y mirra. Nosotros también podemos llevarle un regalo. Permitidme una sugerencia. Conozco un regalo que le gustará mucho al niño de Belén: hazte socio o socia de Cáritas. Ese será un regalo fácil de conseguir. No tendrás que hacer fila en ninguna tienda, y el niño Dios lo recibirá con una enorme sonrisa. Es un regalo precioso, porque será un regalo para todas las personas que necesitan esperanza. No lo dudes, apúntate cuanto antes. Caritas es una de las instituciones desde las que la Iglesia lleva a delante su cuidado de los necesitados. Hay unas cuantas más, y con el tiempo os iré hablando de cada una de ellas, porque voy conociendo poco a poco a las personas generosas que las impulsan y las llevan adelante.

Y la tercera de las pistas: vive tu fe en la Iglesia. Participa de la parroquia, cuida tu cofradía, acompaña a los jóvenes, da buenos consejos a tu párroco, reza por las vocaciones sacerdotales y religiosas, construye puentes con todas las personas buenas que hay en nuestra sociedad, tengan fe o no. Construye la Iglesia diocesana que necesitamos. Es una tarea apasionante, y a ella os convoco con esperanza.

La esperanza es hija de la fe y se verifica en el amor. Seamos peregrinos de esperanza. Termino esta carta con el deseo que dejó escrito el papa Francisco: Que la fuerza de la esperanza pueda colmar nuestro presente en la espera confiada de la venida de Nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la alabanza y la gloria ahora y por los siglos futuros. AMÉN.

Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.

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