Estamos en Pascua, el centro de nuestra fe: Cristo ha resucitado, y nuestro corazón rebosa de alegría, porque nuestras preguntas encuentran respuestas y nuestra vida se renueva. La experiencia de la Pascua es, esencialmente, un encuentro transformador con Cristo, el Señor, que nos invita a vivir de modo nuevo.
Dice el Evangelio que, al amanecer del primer día de la semana, con las primeras luces, María Magdalena fue al sepulcro. Esta es la experiencia que hoy recordamos. María, apóstol de los apóstoles, es la primera en encontrase con Jesús resucitado. Imaginaos la experiencia que eso supone: encontrase con el Señor y escuchar que te llame por tu nombre y que y te dé un mensaje: ¡vayan a Galilea, allí me verán! El mensaje de Jesús es muy sugerente, y sobre él quiero escribir esta carta: Jesús le dice a María Magdalena que les diga a sus discípulos que vayan a Galilea, que allí le verán.
¿Qué es ir a Galilea? Es importante responder a esta pregunta. Galilea es donde todo comenzó, donde los discípulos vivieron experiencias formidables. El mensaje de Jesús es muy fuerte. Lo que les dice es “Vivid todo lo que yo he vivido con vosotros”.
Galilea es llamada vocacional, mensajes consoladores, propuestas fuertes, parábolas sugerentes, diálogos profundos, camino recorrido con el Señor, vida de comunidad, amor a los pobres, curaciones, ser curados, escucha atenta, aprender a orar, encontrarse con Él. Galilea es vivir con Cristo. Día a Día. Con ÉL. Este es el mensaje de la resurrección.
¿Qué significa para nosotros “ir a Galilea”? Significa vivir como resucitados, vivir desde una experiencia serena, y a la vez sencilla y profunda, de encuentro con Jesús. En el fondo, el reto de la Pascua es tratar de vivir en cristiano, día a día, en todos los aspectos de mi vida: en la familia, en la parroquia, en el trabajo, en mi vocación, en mi voluntariado, en mis dificultades y decepciones, en mis alegrías. Vivir al modo de Jesús.
Aquellos discípulos ya no volvieron a ser los mismos después de la experiencia pascual, después de encontrarse con Jesús. Ellos comprenden que Dios ha resucitado a Jesús. El rechazado por todos ha sido acogido por Dios. El despreciado ha sido glorificado. Ahora sabemos cómo es Dios. Un día Él “enjugará todas nuestras lágrimas, y no habrá ya muerte, no habrá gritos ni fatigas. Todo eso habrá pasado”. Esta es nuestra fe.
En la Eucaristía de estos días de Pascua rezaremos un prefacio precioso. Dice así: “Por Él, los hijos de la luz nacen a la Vida eterna, y se abren para los creyentes las puertas del reino de los cielos, porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida, y en su Resurrección todos hemos resucitado a la Vida”.
Disfrutad profundamente de este Tiempo de Pascua que inauguramos este domingo. Compartid vuestra alegría, celebrad vuestra fe, tratad de vivir buscándole a Él. Este es mi deseo para vosotros: ¡Feliz Pascua!
Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.










