Como todos sabéis, recientemente hemos llevado adelante algunos cambios importantes en la organización de nuestra diócesis de Huesca. Hemos impulsado algunas opciones nuevas, de las que esperamos buenos frutos, con el favor de Dios. No se trata simplemente de que algunos sacerdotes han sido enviados a nuevos destinos pastorales. La propuesta que hemos impulsado es más global. Dedicaré las últimas tres cartas de este curso a compartir con todos vosotros lo que estamos intentando hacer.
A lo largo de este año me he reunido con muchas personas y grupos, y hemos llevado adelante bastantes reuniones en los arciprestazgos y en los diversos equipos diocesanos para trabajar el proceso sinodal. Han ido llegando ideas y propuestas, todas ellas interesantes. A mitad de año tuvimos una asamblea diocesana para pensar sobre el Sínodo, y en ello tuve la oportunidad de compartir un documento que sintetizaba mis primeras impresiones de la diócesis. Todos lo habéis podido leer en la web diocesana. Con todo ello, llevamos adelante una reflexión en el seno del Consejo Episcopal, y la trabajamos en un encuentro con todos los sacerdotes diocesanos.
Os comparto algunos de los criterios fundamentales que están en la base de las decisiones que hemos tomado, pero también os comparto un dato muy importante que tenemos que tener muy en cuenta: nuestra diócesis tiene 211 parroquias (de diverso estilo y tamaño) y 38 sacerdotes. De ellos, 13 tienen más de 80 años. Hemos incorporado tres nuevos sacerdotes, procedentes de Nigeria. Es claro que necesitamos pensar el futuro y trabajar por una diócesis integralmente sostenible.
Os sintetizo algunos de los criterios que hemos visto con mayor claridad, porque son especialmente importantes:
a) Los Papas nos insisten en la necesidad de una conversión pastoral. Este es el objetivo de todo cambio organizativo: avanzar hacia una diócesis más capaz de vida y misión.
b) Necesitamos una diócesis sostenible, en todos los aspectos: personas, equipos, recursos, dinámicas, etc.
c) Buscamos simplificar nuestra organización, reduciendo el número de arciprestazgos y los departamentos de la Curia Diocesana.
d) Queremos impulsar decididamente las Unidades Pastorales, que ya fueron propuestas por los obispos de Aragón hace bastantes años.
e) Queremos incorporar a personas laicas a la misión pastoral, cuidando su formación y corresponsabilidad.
f) Vamos adelante con el diaconado permanente.
g) Buscamos avanzar hacia comunidades cristianas crecientemente vivas.
Queremos caminar con tanto realismo como audacia. El secreto del cambio es combinar bien las opciones claras con el trabajo sistemático. Con el favor de Dios, confiamos en ir caminando bien. En las dos próximas cartas me centraré en algunos puntos fundamentales: los equipos de sacerdotes, los equipos de misión, la vida de las Unidades Pastorales, etc.
Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.










