In Cartas del padre Pedro

Nuestra diócesis tiene ahora cuatro arciprestazgos y diez Unidades Pastorales (UP). En ellas están integradas todas las parroquias. Nuestra opción es clara: queremos impulsar las Unidades Pastorales en toda la diócesis. Las parroquias siguen siendo parroquias, con su vida y su misión, pero se integran en una unidad superior. Las parroquias cercanas iniciarán un camino compartido de mayor relación, desde un proyecto pastoral común y con un equipo de misión que coordinará toda la Unidad Pastoral.

Los obispos aragoneses nos lo indicaron con claridad. Os comparto su apuesta: “Las Unidades Pastorales se basan en la agrupación de varias parroquias cercanas, buscando una mejor distribución de las personas y de los recursos, una mayor cooperación de todos y una mejor coordinación de la acción evangelizadora y pastoral. Buscamos crear auténticas comunidades cristianas vivas y evangelizadoras”.

Los pocos sacerdotes de la UP serán todos párrocos. Por lo tanto, tendremos equipos de párrocos, que se organizarán para la atención de todas las parroquias, capellanías, y centros de misión. Pero todos ellos serán responsables de toda la UP, aunque uno de ellos será el coordinador. Trabajarán en equipo, pero este equipo no será sólo de sacerdotes.

Este es un punto central: impulsaremos los equipos de misión. Cada UP tendrá un equipo de misión en el que estarán los curas, algún diácono permanente, alguna religiosa o religioso, algunos laicos. Serán equipos que se reunirán muy frecuentemente e impulsarán toda la vida y misión de la UP. Este equipo elaborará el proyecto pastoral de la Unidad, y lo impulsará y coordinará.

Tendremos que ir preparando personas laicas que puedan asumir ministerios eclesiales y formar parte de los equipos. Esta será una de las claves del proyecto que estamos trabajando: una diócesis más ministerial y más corresponsable, en la que el trabajo en equipo sea la nota más característica. Hemos de superar una visión personalista del papel del sacerdote, que deberá ser un pastor cercano a su comunidad, pero desde un equipo que permita que todo funcione sin que dependa todo de él. Sólo así avanzaremos hacia una diócesis sostenible.

Junto a todo esto, hemos de trabajar para que las UP den mucha importancia a la pastoral vocacional hacia el sacerdocio. Necesitamos nuevos sacerdotes que entren a formar parte de ese sueño compartido: comunidades vivas en las que los curas, los laicos y las laicas, los diversos ministerios, los diáconos, los religiosos, entre todos, construimos la Iglesia particular de Huesca. El momento es nuevo; las decisiones deben ir en consonancia con la magnitud de los retos. A todos os invito a colaborar en este desafío apasionante: seguir construyendo juntos una Iglesia diocesana con una creciente capacidad de vida y de misión.

Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.

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