In Cartas del padre Pedro

Como cada 10 de agosto, en nuestra Iglesia de Huesca y en nuestra ciudad nos disponemos a celebrar a San Lorenzo, nuestro patrono. Todos amamos a San Lorenzo, y lo celebramos con alegría. Por eso es bueno que nos preguntemos qué podemos aprender de él.

Yo creo que su mejor enseñanza, su mensaje más valioso, es la autenticidad de su fe. No renunció nunca a su fe en Jesucristo, y murió mártir por esa fe. Ya sabéis que mártir es una palabra griega que significa “testigo”. San Lorenzo, con su vida y su martirio, es testigo auténtico del valor de la fe, de lo que significa saber lo que es ser cristiano y sentirlo como lo que es central en su vida.

Hoy día sigue siendo real el martirio, el testimonio de la fe hasta la entrega de la vida, en diversos lugares e Iglesias de nuestro mundo. Debemos tener muy presentes a esas Iglesias perseguidas en las que sigue habiendo mártires por ser cristianos.

En nuestro contexto, lo que vivimos es otra cosa. Tenemos señales diversas relacionadas con nuestra vivencia de la fe. Por un lado, vivimos en una época de cierto decaimiento religioso, de enfriamiento de la fe y de debilidad interna de nuestras comunidades cristianas. Por otro lado, percibimos signos de búsqueda religiosa en muchas personas, que sienten que necesitan un sentido para su vida, un horizonte de plenitud. Y, por otro, tenemos numerosas cofradías, grupos, comunidades, vida en las parroquias, procesos pastorales, que nos ayudan a comprender que seguir luchando por vivir y transmitir nuestra fe es muy valioso.

Estas realidades nos tienen que hacer pensar. En esta situación cultural, social y eclesial, urge despertar, fortalecer y transmitir la fe. La vida cristiana es, además de doctrina, “experiencia” y sólo a través de la experiencia vivida desde la infancia, en la familia, la catequesis, la parroquia y la escuela, podemos descubrir y vivir el gozo de creer. Por eso es tan valioso el testimonio que nos ha dejado el Papa León XIV en su visita a España. Hemos visto una enorme necesidad de escuchar palabras de vida, y hemos sentido la importancia de compartir y expresar nuestra fe.

El testimonio de la fe se manifiesta en las obras de amor y caridad con el prójimo. Fe y caridad en el cristiano se reclaman mutuamente, de modo que la una sostiene a la otra. Hay que destacar hoy entre nosotros el valor testimonial de muchos cristianos, que dedican su tiempo y su vida con amor a los pobres, los marginados, los excluidos, porque precisamente en esas personas se refleja el rostro mismo de Cristo. Este es el testimonio de San Lorenzo, que supo custodiar y presentar los tesoros de la Iglesia, que son los pobres. No hay mayor amor que dar la vida por los que amamos.

Estamos celebrando a nuestro patrono. Estamos celebrando la santidad de un joven valiente. Estamos celebrando algo que nos une a todos. En esta tierra bendita convivimos personas de sensibilidades e ideas diferentes, y a veces eso nos divide y nos aleja. Pero hay experiencias que nos unen, que no discutimos. San Lorenzo es una de ellas. Aprendamos a valorar lo que nos une, lo que nos hace comunidad, lo que nos hermana. Y desde esa experiencia, tratemos de buscar las mejores opciones para trabajar por una ciudad, una sociedad y una diócesis cada vez mejor. A todos os deseo una feliz y fraterna celebración de San Lorenzo.

Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.

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