En Cartas del Obispo, Obispo de Huesca
Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.
Jesucristo está presente de múltiples maneras en la Iglesia: en su Palabra; en la oración eclesial; allí donde dos o tres están reunidos en su nombre (Mt 18,20); en los hambrientos, sedientos, forasteros, desnudos, enfermos, encarcelados (Mt 25,31-46); en los sacramentos; en la Eucaristía y en la persona del ministro.
La presencia de Cristo en la Eucaristía es singular. En la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro SeñorJesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero” (Concilio de Trento).
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña: “”Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura” (SC 47)” (CCE 1323).
“La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres: Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos (cf. Mt 25,40): “Has gustado la sangre del Señor y no reconoces a tu hermano. […] Deshonras esta mesa, no juzgando digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado digno […] de participar en esta mesa. Dios te ha liberado de todos los pecados y te ha invitado a ella. Y tú, aun así, no te has hecho más misericordioso” (S. Juan Crisóstomo)” (CCE 1397).
“Puesto que Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar es preciso honrarlo con culto de adoración” (CCE 1418).
“Nuestra adoración eucarística encuentra su verificación cuando cuidamos del prójimo, como hace Jesús: en torno a nosotros hay hambre de comida, pero también de compañía, hay hambre de consuelo, de amistad, de buen humor, hay hambre de atención, hay hambre de ser evangelizados” (Papa Francisco, Ángelus, 19 junio 2022).
“En el Cuerpo y en la Sangre de Cristo encontramos su presencia, su vida donada por cada uno de nosotros. No nos da solo la ayuda para ir adelante, sino que se da a sí mismo: se hace nuestro compañero de viaje, entra en nuestras historias, visita nuestras soledades, dando de nuevo sentido y entusiasmo” (ibid.).
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

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