En Cartas del Obispo, Obispo de Huesca

Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.

Damos gracias al Señor por todos los seminaristas que han escuchado la llamada, han respondido con corazón abierto y se preparan para seguir fielmente a Jesús. “Levántate y ponte en camino” es el lema del Día del Seminario de este año, que se presenta “como una ocasión para pedir, dar gracias y mostrar nuestra cercanía con los seminaristas, sus formadores y las vocaciones sacerdotales” (Subcomisión Episcopal para los Seminarios, Materiales).

San Juan Pablo II afirmó que la Iglesia ha recibido la misión de “cuidar el nacimiento, el discernimiento y el acompañamiento de las vocaciones, en especial de las vocaciones al sacerdocio” (Pastores dabo vobis, 34).

Los seminaristas reciben una formación “única, integral, comunitaria y misionera” (Congregación para el Clero, El don de la vocación presbiteral. Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, Introducción, 3).

“Durante el itinerario formativo hacia el sacerdocio ministerial, el seminarista permanece como un “misterio para sí mismo”, en el cual interactúan y coexisten dos aspectos de su humanidad, que deben integrarse recíprocamente: por un lado, un conjunto de cualidades y riquezas, que son dones de la gracia; por otro lado, dicha humanidad está marcada por límites y fragilidades. El trabajo formativo consiste en ayudar a la persona a integrar ambos aspectos, con el auxilio del Espíritu Santo, en un camino de fe y de progresiva y armónica maduración de todos los componentes, evitando la fragmentación, las polarizaciones, los excesos, la superficialidad o la parcialidad. El tiempo de formación hacia el sacerdocio ministerial es un tiempo de prueba, de maduración y de discernimiento por parte del seminarista y de la institución formativa” (ibid., 28).

“La ordenación presbiteral exige y posibilita, a quien la recibe, una entrega total de sí, para el servicio al Pueblo de Dios, a imagen de Cristo Esposo” (ibid., 39).

“El cuidado pastoral de los fieles exige que el presbítero posea una sólida formación y una madurez interior, ya que no puede limitarse a mostrar una “simple apariencia de hábitos virtuosos”, una obediencia meramente exterior y formal a principios abstractos, sino que es llamado a actuar con una gran libertad interior” (ibid., 41).

“El Seminario es una comunidad en camino hacia el servicio sacerdotal”, según escribió el Papa Benedicto XVI en su “Carta a los seminaristas” del año 2010.

El Día del Seminario nos invita a rezar con mayor intensidad y con más frecuencia por los que se preparan para ser evangelizadores con Espíritu y testigos misioneros.

Encomendamos a san José que acompañe con su intercesión a los seminaristas, formadores y profesores.

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