Este es el lema -tan certero como provocador-, desde el que MANOS UNIDAS lanza su campaña anual, en este mes de febrero de 2026. Con este lema, Manos Unidas conecta con su propio nacimiento, a mediados del pasado siglo.
Es apasionante leer el Manifiesto de aquellas mujeres católicas que engendraron Manos Unidas en el que, en aquellos años, declararon la guerra al hambre en nuestro mundo. Es muy bueno escucharlas decir, por ejemplo, que “sólo hay un obstáculo en la lucha contra el hambre que sería insuperable: creer que la victoria es imposible”. Con los años, Manos Unidas se ha consolidado con un formidable fruto de aquella lucha.
Son innumerables los proyectos de solidaridad que Manos Unidas ha ido atendiendo en estos años. Es una tarea formidable. Son proyectos muy diversos, en todos los continentes, y todos ellos tratan de responder a realidades muy concretas. Todos ellos cambian la vida de las personas. Y esta es la clave: abrir horizontes de esperanza allí donde es más necesaria, gracias a la conciencia de fraternidad de todas las personas que podamos ayudar.
Declarar la guerra al hambre es apostar firmemente por la paz, por una paz duradera, justa y fraterna, la PAZ del Evangelio, la PAZ anunciada y querida por Dios. Es necesario ser conscientes de que estamos viviendo en un mundo muy violento. En este momento actual, hay 59 conflictos armados en nuestro planeta, la cifra más alta desde la segunda guerra mundial. Algunos, la mayor parte, son desconocidos, porque nadie habla de ellos.
Da la impresión de que no hemos aprendido nada. Por eso es necesario al trabajo de Manos Unidas, que apuesta por una paz integral. La paz no es solamente la ausencia de disparos o de bombas. La paz que necesitamos consiste en terminar con esa violencia silenciosa que nace de las estructuras de exclusión, de hambre, de ausencia de derechos económicos, sociales, culturales o ambientales. El desarrollo es el nuevo nombre de la paz, gritó el Papa Pablo VI hace más de cincuenta años. Ese grito sigue siendo necesario.
¿Recordáis la primera aparición del Papa León XIV en la plaza de San Pedro? Pidió una paz desarmada y desarmante. Este es el camino. Un mundo en paz es un mundo de justicia. “La justicia y la paz se besan”, dice el salmo 85.
Es verdad que el objetivo es grande, y puede parecernos inalcanzable: terminar con el hambre en el mundo. Pero nunca podemos desanimarnos ante esta lucha. El Señor Jesús anunció el Reino de Dios, y nos dijo que “está ya entre nosotros”. Ese Reino que esperamos y por el que trabajamos está en tantas semillas de Vida, de Paz y de Justicia que brotan entre nosotros. Esta es la convicción de la Iglesia, esta es la convicción de Manos Unidas, esta es nuestra fe.
Os invito a colaborar, en la medida de vuestras posibilidades, con esta campaña de Manos Unidas. Todos estamos invitados a participar en esta apasionante lucha por un mundo mejor.
Dios os bendiga y fortalezca.










