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La catedral de Huesca ha acogido la Novena al santo Cristo de los Milagros del 4 al 12 de septiembre, con aforo limitado y las medidas de seguridad vigentes respetadas en todo momento. El domingo 12 de septiembre, Solemnidad del Santo Cristo de los Milagros, hubo misas a las 8.00, 10.30, 12.00, 13.00, 17.00 y 19.00 h., la primera y la última presididas por el obispo, don Julián Ruiz Martorell. La de las 19.00 h., concelebrada por el obispo electo de Teruel y Albarracín, don José Antonio Satué Huerto, y el vicario general de Huesca, don Nicolás López Congosto.

No hubo procesión de peregrinos, pero sí acudieron personas que bien temprano habían salido de sus localidades para acudir al templo en su primera eucaristía de la jornada, en la que se trasladó la imagen del santo Cristo del camarín de su capilla hasta el altar mayor, llevado por los miembros de la cofradía del santo Cristo de los Milagros y san Lorenzo Mártir, desde donde se le volvió a desplazar al final de la jornada y entre una gran devoción.

Durante su homilía, el obispo dio la bienvenida a los fieles y reflexionó sobre “cómo lo vemos, cómo nos ve y hacia dónde nos conduce». Para lo primero hizo alusión a las lecturas del día, en la que “el profeta Isaias describe al siervo del Señor, que no esconde el rostro ante ultrajes y escupitajos».

Jesucristo anuncia “proféticamente su sufrimiento. Herido y humillado, triturado por nuestros crímenes y herido por los pecados del pueblo». En este sentido, “el santo Cristo nos ve vulnerables, frágiles, heridos. Nos mira necesitados de fraternidad. Necesitamos una fe operativa, que se manifieste en gestos para mirar a los demás como Él nos mira. Nuestra fe ha de ser activa en el amor».

El Señor “nos envía a anunciar y a ser testigos, nos convierte en discípulos misioneros. Nos da una actitud de agradecimiento. Habéis venido de diferentes puntos para mostrar vuestro agradecimiento y gratitud». Asimismo, reseñó durante la homilía que “nos enseña la humildad, a despegarnos de nuestro rango. Veneramos la cruz porque adoramos al crucificado».

Dios “está con nosotros, es nuestra salvación. En medio de esta pandemia también podemos decir con confianza que está cerca». El obispo señaló que “El pueblo oscense, devoto, fiel, se postra ante Dios para caminar junto al Señor. Nos invita a conocer la belleza que hay en el mundo. Unámonos al himno de bendición como pueblo».

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