In Cartas del padre Pedro, General

En este cuarto domingo de Cuaresma nos encontramos con un pasaje evangélico que solemos titular como “la curación del ciego de nacimiento”. Pero es mucho más que eso. Es mucho más que la curación de un ciego. Y el curado no es el único ciego de la historia; hay otros, que son espiritualmente ciegos. Y esos no se dejan curar por Jesús. Fijémonos en algunos detalles de la historia.

Pensemos en el hombre ciego. Es Jesús el que se acerca a él, porque lo ve sentado, inmóvil y pidiendo limosna. Y, además, era un hombre juzgado por los demás, que le consideraban un pecador e hijo de pecadores. Pero Jesús se acerca a este excluido por eso, porque está excluido. Y le devuelve la vista, para que pueda tener un horizonte en su vida y volver a situarse en la comunidad.

Pero los dueños de la religión oficial le siguen excluyendo. Le juzgan, la insultan y le excluyen, porque da testimonio de que Jesús es diferente, de que hay un profeta entre nosotros que rompe las barreras y sana nuestra vida. Y ellos, los guardianes de la ortodoxia “religiosa”, lo vuelven a excluir.

Pero Jesús insiste. El texto evangélico dice algo precioso: “Jesús se enteró de que lo habían echado fuera y fue a buscarlo”. Es una frase extraordinaria (Jn 9, 35). Y ese hombre confiesa su fe en Jesús. Y Jesús revela su alma: “los que no ven, verán, y los que creen que ven, quedarán ciegos” (Jn 9, 39).

El milagro de esta historia no es sólo la curación de la ceguera física de una persona, sino el anuncio de una fe nueva, que no excluye a nadie y que está basada en el amor de Cristo. Una fe que nos transforma, que acoge a todos y que a todos nos ayuda a cambiar. La acogida de Jesús no consiste en que todo vale, sino en que todos valemos si abrimos nuestro corazón a la propuesta del Evangelio. El “todos, todos, todos” del Papa Francisco es una propuesta formidable: todos podemos decir que SÍ al Señor y tratar de vivir en coherencia con su propuesta. Por eso, lo que Jesús espera del ciego que ha recuperado la vista es que viva de modo nuevo. Esta es nuestra fe, este es el mensaje de la Iglesia.

¡Cuántas personas se han sentido excluidas y juzgadas en nuestra comunidad cristiana! Excluidas sin ser escuchadas, sin que nadie haya tratado de entender lo que hay en su corazón, lo que sienten que quieren vivir, lo que esperan de la Iglesia. No seamos una Iglesia ciega, sino abierta para acoger anunciando, para escuchar proponiendo, para acompañar ofreciendo nuevas pistas, para valorar sugiriendo lo que la persona necesita y a lo mejor nunca ha escuchado. No seamos una Iglesia incapaz de sanar y de ofrecer un mensaje que nos cambie. Es nuestra misión.

Hermanos, hermanas, aunque en ocasiones os sintáis rechazados, Jesús os está acogiendo. Nunca dejará de hacerlo, y buscará el modo de que lo experimentéis.

Os deseo un buen camino cuaresmal. Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.

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